“¡USTED NO ES MÁS QUE UN TÍTERE SUCIO AL SERVICIO DEL PODER!” — Franco Colapinto estalla en vivo contra Eduardo Feinmann y desata una tormenta mediática sin precedentes
Lo que debía ser una entrevista televisiva más terminó convirtiéndose en uno de los momentos más explosivos y comentados del año en los medios argentinos. En una transmisión en vivo seguida por millones de espectadores, el joven piloto Franco Colapinto perdió la compostura y lanzó un ataque frontal contra el periodista Eduardo Feinmann, acusándolo sin rodeos de ser “un títere sucio al servicio del poder”. La frase, dicha con rabia contenida y mirada desafiante, cayó como una bomba en el estudio y desencadenó un terremoto mediático que todavía sigue sacudiendo a la opinión pública.

Colapinto, considerado una de las mayores promesas del automovilismo argentino, había acudido al programa para hablar de su presente deportivo, su futuro en las categorías internacionales y la presión constante que enfrenta dentro y fuera de las pistas. Sin embargo, la conversación tomó un giro inesperado cuando Feinmann introdujo preguntas relacionadas con supuestos privilegios, apoyos políticos y decisiones “poco transparentes” en la carrera del piloto. Fue entonces cuando la tensión, hasta ese momento latente, estalló sin retorno.
“Usted no es un periodista independiente”, disparó Colapinto con voz firme pero visiblemente alterada. “Es un operador, un títere sucio al servicio del poder”. Durante unos segundos, el estudio quedó en silencio absoluto. Feinmann, conocido por su estilo confrontativo, pareció desconcertado. Intentó responder con una sonrisa irónica y calificó al piloto de “joven arrogante que no tolera las preguntas incómodas”. Pero lejos de calmar los ánimos, ese comentario encendió aún más la furia del invitado.
La respuesta de Colapinto fue breve, directa y demoledora: “Eres un títere fracasado. Siéntate y cállate”. La frase paralizó al panel, provocó murmullos entre los presentes y, segundos después, un estallido de aplausos y gritos provenientes del público en el estudio. En redes sociales, el clip comenzó a circular de inmediato, acumulando millones de reproducciones en cuestión de minutos.
El episodio no se limitó al intercambio verbal. Durante el caos posterior, empezó a difundirse una grabación de audio que, según diversas cuentas y portales digitales, implicaría a figuras mediáticas en presuntas solicitudes de pago de gastos personales a cambio de favores comunicacionales. Aunque la autenticidad del audio aún no ha sido confirmada oficialmente, su sola aparición bastó para que el escándalo escalara a otro nivel y obligara a las autoridades y a los protagonistas a reaccionar con rapidez.
Eduardo Feinmann, visiblemente afectado, intentó retomar el control del programa, defendiendo su trayectoria y negando cualquier tipo de vínculo indebido con estructuras de poder. “Esto es un ataque personal sin fundamentos”, declaró horas más tarde en sus redes sociales. “No voy a permitir que se manche mi nombre con acusaciones infundadas”. Sin embargo, el daño ya estaba hecho. Para muchos espectadores, la reacción del periodista fue interpretada como defensiva y poco convincente.
Por su parte, Franco Colapinto rompió el silencio al día siguiente con un breve comunicado. Lejos de retractarse, reafirmó sus palabras y aseguró que habló “desde la indignación y la honestidad”. “Estoy cansado de ver cómo ciertos micrófonos se usan para proteger intereses y destruir a quienes no se alinean”, escribió. “No me callé porque creo que alguien tenía que decirlo en voz alta”.
El impacto del enfrentamiento fue inmediato. Programas de debate, columnas de opinión y analistas políticos comenzaron a diseccionar cada gesto, cada palabra y cada segundo del intercambio. Para algunos, Colapinto cruzó una línea inadmisible al insultar a un periodista en vivo. Para otros, se trató de un acto de valentía poco común en una figura pública joven, que se atrevió a desafiar a uno de los comunicadores más influyentes del país.
Las redes sociales amplificaron la grieta. Hashtags como #ColapintoVsFeinmann, #TítereDelPoder y #ExplosiónEnVivo se convirtieron en tendencia nacional y regional. Memes, videos editados y análisis improvisados inundaron Twitter, Instagram y TikTok, reflejando una sociedad profundamente dividida entre quienes aplauden el estallido del piloto y quienes lo consideran una falta de respeto imperdonable.
Más allá de las simpatías, el episodio dejó al descubierto una tensión más profunda: la relación cada vez más conflictiva entre figuras públicas, medios de comunicación y poder político. En un contexto de desconfianza generalizada, el enfrentamiento entre Colapinto y Feinmann se transformó en un símbolo de una crisis mayor, donde la credibilidad, la independencia y la verdad están permanentemente en disputa.
Lo que comenzó como una entrevista deportiva terminó siendo un capítulo clave en el debate sobre el rol de los medios y el derecho a cuestionarlos. Y aunque el tiempo dirá si habrá consecuencias legales, profesionales o personales para alguno de los involucrados, una cosa es segura: aquella frase lanzada en vivo ya quedó grabada en la memoria colectiva. Porque en solo unos minutos, un estudio de televisión se convirtió en el epicentro de una tormenta que nadie vio venir.