MADRID, ESPAÑA — El Real Madrid se cobró su venganza ante el FC Barcelona con una victoria 2-1 que consolida su liderato en La Liga, pero el Clásico será recordado como el “Clásico de la Desgracia”, donde el VAR, las decisiones arbitrales y una tensión interna opacaron el éxito deportivo.

El primer tiempo fue un festival de controversia. En el minuto 4, el Bernabéu clamó por penalti por una caída de Vinicius, anulado por el VAR. Minutos después, el VAR volvió a intervenir para anular un golazo de Mbappé por un fuera de juego previo de Vinicius. No obstante, Mbappé encontró la red legalmente en el 22′ tras una asistencia brillante de Bellingham. Tras el empate de Fermin Lopez para el Barça (38′), Bellingham puso el 2-1 definitivo (43′) con la colaboración inesperada de Militão.

La segunda mitad, aunque careció de goles, estuvo marcada por el drama psicológico. El éxtasis se convirtió en pánico en el 52′ cuando Mbappé falló un penalti claro, deteniendo el marcador en 2-1. Pero la verdadera explosión ocurrió fuera del campo: en el minuto 73, Vinicius Junior mostró gestos de “furia incontrolable” tras ser sustituido por Xabi Alonso. Este “cruce” público entre la estrella y el entrenador es un claro indicio de “ruptura interna” que amenaza la paz del vestuario Merengue.
El epílogo del encuentro añadió más leña al fuego de la polémica: Pedri recibió una tarjeta roja en el tiempo de descuento (90’+10), una decisión tardía que el Barça interpreta como el “castigo final” tras un partido dominado por las controversias arbitrales. Aunque el Madrid celebra los cinco puntos de ventaja sobre su eterno rival, el Clásico de la Desgracia deja al descubierto las grietas internas y la sombra de la duda sobre el verdadero valor de esta victoria.