La Fórmula 1 siempre ha sido un escenario donde las tensiones personales y profesionales se entremezclan con la velocidad pura de los monoplazas. En las últimas horas, el paddock ha vuelto a vibrar con un nuevo episodio de controversia que involucra a tres figuras clave: Max Verstappen, el tricampeón del mundo con Red Bull; Flavio Briatore, el asesor ejecutivo y hombre fuerte de Alpine; y Franco Colapinto, el joven talento argentino que defiende los colores de la escudería francesa.

Todo comenzó con una declaración explosiva que se propagó rápidamente por las redes sociales y los medios especializados. Según múltiples publicaciones que circulan desde hace apenas minutos, Max Verstappen habría calificado a Briatore de “estúpido” en una intervención reciente, posiblemente durante una entrevista post-carrera o en una conversación captada por micrófonos abiertos. El motivo: las repetidas críticas y presiones que el italiano habría ejercido sobre Colapinto a lo largo de la temporada 2025, llegando incluso —según la versión que circula— a intentar “derribarlo” o desestabilizar su posición en el equipo mediante comentarios públicos duros y decisiones internas cuestionadas.
Verstappen, conocido por su franqueza brutal y su lealtad hacia los pilotos que considera talentosos, no habría dudado en defender al argentino. Fuentes cercanas al entorno de Red Bull indican que el neerlandés aprecia el estilo de conducción agresivo pero limpio de Colapinto, viéndolo como una de las revelaciones de las últimas temporadas. “Franco tiene algo especial, no se achica ante nadie y eso es lo que la F1 necesita”, habría dicho Verstappen en privado en más de una ocasión.

Por eso, cuando vio que Briatore seguía cuestionando el rendimiento del piloto sudamericano —incluso después de carreras donde Colapinto sumó puntos valiosos o mostró avances notables pese a un coche complicado—, el campeón no se contuvo.
Briatore, por su parte, ha sido una figura polarizante desde que regresó a Alpine como asesor principal. El italiano, artífice de dos títulos mundiales con Michael Schumacher en Benetton y de éxitos con Fernando Alonso en Renault, aplica un estilo de gestión directo, a veces áspero, que no duda en señalar errores públicamente si cree que benefician al equipo a largo plazo. En el caso de Colapinto, las críticas han sido constantes: desde incidentes en clasificación hasta errores en largadas o problemas de adaptación al monoplaza azul.
En varias ruedas de prensa, Briatore ha dicho frases como “no estoy contento” o “tal vez no era el momento adecuado para subirlo”, lo que muchos interpretaron como intentos de minar la confianza del piloto o incluso de justificar un posible reemplazo futuro.
Sin embargo, la realidad en pista ha sido más compleja. Colapinto llegó a Alpine tras un paso destacado por Williams, donde demostró velocidad y madurez pese a un paquete técnico inferior. En la escudería francesa, el cambio de reglamentación y la evolución del coche no han sido favorables, pero el argentino ha logrado resultados respetables: puntos en varias carreras, batallas rueda a rueda contra pilotos más experimentados y un crecimiento evidente en consistencia. Sus defensas en pista, especialmente cuando se vio acorralado por rivales o por la presión mediática, han sido aplaudidas por muchos en el paddock.
La intervención de Verstappen añade una capa extra de dramatismo. El neerlandés no es alguien que hable por hablar; sus palabras suelen tener peso porque rara vez las regala. Llamar “estúpido” a Briatore —un veterano con décadas de experiencia y contactos en todos los niveles de la F1— no es algo menor. Podría interpretarse como un respaldo público al talento joven, pero también como una crítica al manejo de Alpine en general.
En un deporte donde las alianzas y las rivalidades se construyen a fuego lento, este tipo de declaraciones pueden generar repercusiones: desde tensiones entre equipos hasta debates sobre el rol de los asesores en el desarrollo de pilotos.
Colapinto, por su lado, ha tenido que salir a defenderse en más de una ocasión. En entrevistas recientes, el argentino ha mantenido la calma, reconociendo errores propios pero enfatizando el apoyo del equipo técnico y su deseo de mejorar. “Sé que hay presión, pero es parte de este deporte. Briatore quiere lo mejor para Alpine, y yo quiero darlo todo por el equipo”, ha repetido en varias oportunidades. Sin embargo, las palabras de Verstappen le dan un respaldo inesperado y poderoso.
En un mundo donde los campeones como Max suelen ser reservados con sus opiniones sobre otros pilotos, este gesto podría elevar la moral del joven de 22 años y, al mismo tiempo, poner más escrutinio sobre las decisiones de Briatore.
El contexto de la temporada 2025 no ayuda a calmar las aguas. Alpine ha tenido altibajos: momentos de competitividad en circuitos de media-alta carga aerodinámica, pero problemas de fiabilidad y rendimiento en otros trazados. Colapinto ha sido parte de esa montaña rusa, alternando buenas actuaciones con fines de semana difíciles. Algunos analistas creen que Briatore, con su experiencia, busca endurecer al piloto para prepararlo para el futuro; otros, en cambio, ven en sus comentarios una falta de tacto que podría dañar la confianza de un talento emergente.
Lo cierto es que este episodio pone de manifiesto una realidad recurrente en la Fórmula 1: el choque entre generaciones y estilos. Verstappen representa al piloto moderno, agresivo, sin filtros y defensor de sus pares cuando los considera injustamente tratados. Briatore encarna al viejo zorro del paddock, capaz de ganar títulos pero también de generar enemigos con su lengua afilada. Y Colapinto, en el medio, es el símbolo de la nueva ola latinoamericana que busca hacerse un lugar en un deporte históricamente dominado por europeos.
¿Tendrá repercusiones este cruce verbal? Es probable. Verstappen no suele retractarse de sus palabras, y Briatore tampoco es de los que se callan ante críticas. En las próximas ruedas de prensa, las preguntas sobre este tema serán inevitables. Mientras tanto, la comunidad de fans de la F1 —especialmente los seguidores argentinos y neerlandeses— ya ha tomado partido en redes sociales, donde el hashtag relacionado con el incidente se ha vuelto tendencia en cuestión de minutos.
Al final, la Fórmula 1 vive de estas historias: rivalidades, defensas apasionadas y talentos que luchan por brillar. Colapinto, respaldado ahora por una voz tan autorizada como la de Verstappen, podría encontrar en esta polémica una motivación extra para demostrar en pista que merece su asiento. Briatore, por su parte, deberá calibrar sus palabras futuras si no quiere alienar a más aliados en el paddock. Y Verstappen, fiel a su estilo, seguirá diciendo lo que piensa, sin importar a quién moleste.
El deporte del motor nunca duerme, y episodios como este recuerdan por qué sigue cautivando a millones: porque detrás de cada curva hay mucho más que velocidad; hay egos, pasiones y, sobre todo, humanidad.