J.K. Rowling vuelve a generar polémica tras atacar en redes a la jugadora trans australiana Hannah Mouncey
La escritora británica J.K. Rowling, autora de la saga Harry Potter y una de las figuras más influyentes del mundo literario, ha desatado otra ola de críticas internacionales después de publicar una serie de comentarios mordaces en la red social X (antes Twitter) dirigidos directamente a Hannah Mouncey, la jugadora de balonmano transgénero australiana.
En publicaciones realizadas en las últimas 48 horas, Rowling se refirió a Mouncey como “un hombre que hace trampa” (“a cheating man”) y afirmó que la deportista “teme ser excluida de seguir haciendo trampa en las competiciones femeninas de élite, incluidas las Olimpiadas”. La autora también cuestionó la inclusión de mujeres trans en el deporte femenino, argumentando que “la biología no miente” y que permitir la participación de atletas nacidas varones “destruye la equidad y pone en riesgo la seguridad de las mujeres”.
Las declaraciones han provocado una inmediata y furiosa reacción en todo el mundo. Organizaciones defensoras de los derechos LGTBIQ+, colectivos feministas inclusivos, atletas trans y varias federaciones deportivas han condenado enérgicamente las palabras de Rowling, calificándolas de “transfóbicas”, “deshumanizantes” y “perjudiciales para la inclusión”.
La Federación Australiana de Balonmano emitió un comunicado breve pero firme en el que rechaza “cualquier forma de discurso de odio dirigido contra sus deportistas” y reafirmó que Hannah Mouncey cumple con todos los requisitos establecidos por la Federación Internacional de Balonmano (IHF) y el Comité Olímpico Internacional (COI) para competir en categoría femenina: más de dos años de supresión hormonal, niveles de testosterona dentro de los límites reglamentarios y evaluación médica periódica.

Hannah Mouncey, de 34 años, ha competido en la liga nacional australiana y ha representado a su país en torneos internacionales desde 2018. En 2019 ya fue objeto de una gran controversia cuando la Federación Australiana de Fútbol Australiano (AFL) le negó la posibilidad de jugar en la liga femenina profesional por motivos de “ventaja física injusta”, decisión que generó un amplio debate público en Australia. Desde entonces, Mouncey ha centrado su carrera en el balonmano, donde ha logrado consolidarse como una jugadora destacada en el puesto de pivote.
Sus defensores subrayan que Mouncey no ha roto ningún reglamento y que los criterios actuales del COI y de la mayoría de federaciones internacionales ya incorporan medidas estrictas para garantizar la equidad competitiva. “Hannah no está ‘haciendo trampa’ —está compitiendo bajo reglas que ella misma ha aceptado y cumplido al pie de la letra”, declaró la activista trans australiana y exdeportista Casey Dell, quien añadió: “Atacar personalmente a una atleta trans con insultos tan crudos no es defender el deporte; es acosar y deshumanizar”.
Por su parte, grupos conservadores, algunos sectores del feminismo radical y numerosos usuarios de redes sociales han salido en defensa de Rowling. Argumentan que la autora simplemente está expresando una preocupación legítima sobre la preservación de categorías deportivas basadas en el sexo biológico y que su fama le permite visibilizar un tema que, según ellos, muchos deportistas femeninas temen abordar públicamente por miedo a represalias.
La polémica ha vuelto a encender el debate global sobre la participación de personas transgénero en el deporte de alto rendimiento. En los últimos años, varias federaciones han endurecido sus políticas: World Athletics, World Swimming y World Rugby prohíben o restringen severamente la participación de mujeres trans que hayan pasado por la pubertad masculina, mientras que otras disciplinas como el ciclismo y el triatlón han optado por crear categorías “abiertas” o mantener umbrales hormonales muy bajos.
El Comité Olímpico Internacional mantiene una postura más flexible, delegando en cada federación la responsabilidad de fijar sus propios criterios, siempre que se priorice “la equidad, la inclusión y la no discriminación”. Sin embargo, esta descentralización ha generado un mosaico normativo confuso que deja a muchas atletas trans en una situación de incertidumbre permanente.
Las reacciones en redes sociales han sido inmediatas y profundamente polarizadas. Mientras miles de usuarios acusan a Rowling de “abusar de su plataforma para marginalizar a las mujeres trans” y la señalan como “responsable de normalizar el odio”, otros miles la aplauden por “tener el valor de decir lo que muchas piensan pero no se atreven a expresar”.
La propia Hannah Mouncey optó por no responder directamente a los ataques de Rowling. En cambio, publicó una breve historia en Instagram en la que aparece entrenando junto a sus compañeras de equipo, acompañada del mensaje: “Sigo aquí. Sigo jugando. Sigo siendo yo. Gracias a quienes me apoyan de verdad”.
Analistas culturales y expertos en comunicación coinciden en que este nuevo episodio refuerza la posición de Rowling como una de las voces más influyentes —y controvertidas— en el debate sobre género, identidad y deporte. Desde que comenzó a expresar públicamente sus opiniones críticas hacia la ideología de género en 2019, la autora ha perdido parte de su base de fans más joven y progresista, pero ha ganado un seguimiento fiel entre sectores conservadores y feministas gender-critical que la consideran una figura clave en la resistencia a lo que llaman “borrado del sexo biológico”.
Mientras tanto, el caso Mouncey-Rowling se suma a una larga lista de controversias que han marcado los últimos años: Lia Thomas en natación, Laurel Hubbard en halterofilia, Fallon Fox en MMA y, más recientemente, el caso de Imane Khelif en boxeo olímpico. Cada nuevo capítulo parece profundizar la división y alejar la posibilidad de un consenso.
Por ahora, lo único claro es que las palabras de J.K. Rowling siguen teniendo un poder enorme para encender el debate público. Y mientras la escritora continúa tecleando desde su cuenta de X, Hannah Mouncey —y muchas otras atletas trans— siguen compitiendo, entrenando y enfrentando un escrutinio que va mucho más allá de sus resultados deportivos.