🚨😡 « ¡Gritó fuerte a propósito para romper mi ritmo! » – Es con esta acusación explosiva que Elina Svitolina ha incendiado el mundo del tenis tras su polémico partido contra Aryna Sabalenka en el Abierto de Australia, desatando una tormenta mediática inmediata y una división feroz entre los fans.

Según Svitolina, los gritos repetidos y voluntariamente amplificados de Sabalenka no eran simples expresiones emocionales, sino una verdadera táctica desleal destinada a perturbar su concentración, romper su tempo e influir indirectamente en el arbitraje en un momento clave del partido.
La jugadora ucraniana insistió en que lo que ella llama un “hindrance evidente” debería haber sido sancionado de inmediato, afirmando que el árbitro había hecho la vista gorda ante una violación flagrante del reglamento, en detrimento de la equidad deportiva y del respeto mutuo.
Muy rápidamente, las redes sociales se incendiaron: algunos apoyaron a Svitolina y denunciaron lo que consideran una deriva tolerada del tenis moderno, mientras que otros recordaron que los gritos forman parte integral del juego de Sabalenka desde hace años.
Pero fue la respuesta de Aryna Sabalenka la que transformó la controversia en una verdadera guerra verbal. Visiblemente irritada, la número uno del mundo no buscó calmar la situación, prefiriendo contraatacar con una violencia verbal rara en el tenis femenino.
Sabalenka lanzó una primera pulla mordaz al declarar que «si un simple ruido pudiera hacer perder un partido, entonces el problema no es el grito, sino el nivel de juego», provocando una ola de reacciones chocadas y admirativas.
En una segunda burla, ironizó sobre la regularidad de su rival, sugiriendo que Svitolina buscaba excusas externas en lugar de asumir una derrota clara, subrayando que el marcador hablaba por sí solo, sin necesidad de interpretación.
La tercera ataque fue aún más directo: Sabalenka afirmó sin rodeos: «No eches la culpa a los gritos cuando te están aplastando», una frase brutal que dio la vuelta al mundo al instante y dividió profundamente a la comunidad tenística.
Luego añadió, en una cuarta provocación, que el público viene a ver intensidad, pasión y emociones reales, no quejas post-partido, insinuando que algunos jugadores ahora confunden la competición de alto nivel con comodidad personal.

La quinta burla apuntó directamente a la acusación de hindrance: Sabalenka recordó que no se había impuesto ninguna sanción oficial en el momento, y que cuestionar al árbitro después era una forma indirecta de disputar una derrota.
En su sexta pulla, evocó el historial de sus enfrentamientos, dejando entrever que esta polémica no era más que un nuevo episodio de una frustración acumulada ante su dominación física y mental en la pista.
Finalmente, la séptima y última burla fue la más gélida: Sabalenka afirmó que en el más alto nivel, solo las jugadoras capaces de manejar la presión sobreviven, insinuando que Svitolina simplemente se había quebrado en un contexto demasiado intenso.
Ante la magnitud de la controversia, los organizadores del Abierto de Australia no tuvieron más remedio que convocar una reunión de emergencia para examinar la llamada de hindrance y analizar las imágenes de video desde todos los ángulos posibles.
Esta reunión excepcional, que reunió a oficiales, árbitros y representantes de las jugadoras, tenía como objetivo determinar si los gritos de Sabalenka constituían una infracción clara o si permanecían dentro de los límites tolerados por el reglamento actual.
Tras varias horas de deliberación, la decisión final cayó: no se aplicará ninguna sanción retroactiva, ya que los organizadores estimaron que los gritos, aunque perturbadores, no superaban el umbral reglamentario de hindrance intencional.

Esta conclusión, sin embargo, no apaciguó las tensiones, al contrario. Los fans de Svitolina denunciaron una decisión política, mientras que los partidarios de Sabalenka vieron en ella una validación oficial de su estilo intenso y asumido.
Muchos exjugadores se pronunciaron, algunos llamando a una aclaración urgente de las reglas sobre los gritos en la pista para evitar que este tipo de polémicas se repita en los grandes torneos.
Los analistas subrayan que este asunto va más allá del simple marco de un partido, revelando una fractura más profunda entre diferentes visiones del tenis moderno, dividido entre tradición, emoción cruda y rendimiento sin compromisos.
Para Svitolina, esta controversia deja un sabor amargo, reforzando el sentimiento de injusticia pero también una determinación renovada a hacer oír su voz en un circuito que a veces juzga demasiado indulgente con ciertos comportamientos.
Para Sabalenka, en cambio, el episodio parece reforzar su imagen de jugadora dominante, provocadora y mentalmente intratable, lista para asumir cada aspecto de su juego, incluso cuando molesta.
Mientras el Abierto de Australia continúa, una cosa es segura: este caso de hindrance quedará como uno de los episodios más explosivos del torneo, marcando duraderamente las mentes y alimentando los debates mucho más allá de las pistas.
Y mientras los fans siguen enfrentándose en las redes, una pregunta persiste: ¿debe evolucionar el tenis para encuadrar más estrictamente la expresión emocional, o aceptar que la guerra psicológica forme ahora parte integral del espectáculo? 🎾🔥