
El polvo de la 83.ª edición de los Globos de Oro aún no se ha asentado, y para Mark Ruffalo, el “Hulk” del activismo hollywoodense, las consecuencias se están volviendo personales. En una decisión que ha sorprendido tanto a sus partidarios como a sus críticos más acérrimos, Ruffalo ha expresado, según se informa, su deseo de abandonar Estados Unidos permanentemente, considerando mudarse al Reino Unido. Esta revelación se produce tras una semana de críticas profesionales y personales sin precedentes tras su condena viral en la alfombra roja a la actual administración.
La posible partida de Ruffalo no es solo una reubicación; es un grito de frustración de un hombre que dice no reconocer ya el país que ama. “Me odiaron por solo decir la verdad”, supuestamente le dijo Ruffalo a un círculo cercano de personas cercanas, “y si la verdad ahora se considera tóxica, entonces tal vez ya no pertenezco aquí”.
El detonante de esta decisión se remonta al 11 de enero de 2026, en las escaleras del Beverly Hilton. Ruffalo llegó a los Globos de Oro no solo como nominado por la serie Task, sino como un hombre con una misión. Luciendo un pin de “Be Good” en honor a Renee Nicole Good, la madre de Minneapolis asesinada a tiros por un agente de ICE, Ruffalo convirtió sus entrevistas en una crítica mordaz del presidente Trump y el vicepresidente J.D. Vance.
Calificó al presidente como “el peor ser humano del mundo” y un “vacío moral”, citando la “invasión ilegal” de Venezuela y la “aterrorización” de ciudadanos estadounidenses por parte de agencias federales. El discurso fue crudo, sin filtros y profundamente polarizador. Si bien le valió una ovación de pie de los círculos progresistas, desencadenó una masiva contraofensiva corporativa y política.
La reacción fue rápida y multifacética. En cuestión de días, surgieron informes de que Ruffalo sería vetado de los Globos de Oro para futuros eventos y, lo que es más importante, perdería 500 millones de dólares en contratos de desarrollo con Paramount y Marvel Studios.
Pero para Ruffalo, la inclusión corporativa en la lista negra fue secundaria a la hostilidad personal. “La cantidad de odio puro y sin adulterar que se dirige hacia mí —no por un delito ni por un escándalo, sino por señalar que matar a una madre en nuestras calles está mal— es asombrosa”, según se informa, compartió Ruffalo. “Dije la verdad sobre Renee Good. Dije la verdad sobre el estado moral de nuestros líderes. Y por eso, me llaman ‘tóxico’. Si ese es el nuevo estándar estadounidense, entonces estoy acabado”.
Amigos del actor sugieren que el “odio” al que se refiere no se trata solo del troleo en redes sociales, sino de un cambio palpable en el clima de la industria. Con el director de comunicaciones de la Casa Blanca llamándolo “uno de los peores actores de la industria” y “un ser humano aún peor”, la línea entre el discurso político y la destrucción personal se ha difuminado.
La elección del Reino Unido como posible nuevo hogar no es casual. Ruffalo mantiene desde hace tiempo vínculos profesionales y personales con la industria cinematográfica británica y ha elogiado con frecuencia los enfoques europeos en materia de redes de seguridad social y discurso político.
Algunas fuentes sugieren que Ruffalo busca un respiro de la guerra cultural estadounidense. En el Reino Unido, cuenta con una red de activistas y colegas afines, entre ellos Brian Eno y Brian Cox, quienes recientemente se unieron a él para firmar una carta global en Davos pidiendo impuestos más altos a los superricos para salvar la democracia.
“En el Reino Unido, aún se percibe que se puede ser artista y ciudadano sin ser tratado como un enemigo interno por el propio gobierno”, comentó una fuente. “Mark busca un lugar donde sus hijos puedan respirar sin sentir el peso de este terror nacional que describió en los Globos de Oro”.
A medida que se difunde la noticia de su posible traslado, la reacción, como era previsible, ha estado dividida.
Los aficionados: Muchos consideran la decisión de Ruffalo como una crítica trágica a la América moderna. Para ellos, es un “canario en la mina de carbón”, un hombre tan desilusionado por la erosión de las normas democráticas que está dispuesto a dejar atrás una carrera de 500 millones de dólares por sus principios.
Los críticos: Por otro lado, sus detractores lo desmienten, haciéndose eco del lema de “¡Fuera de aquí!” de los Globos de Oro. Para este grupo, Ruffalo es el epítome del “Hollywood progresista”, un millonario que sermonea a la clase trabajadora y luego huye al enfrentarse a las consecuencias de su propia retórica.
Si Ruffalo decide mudarse a Londres, marcaría el fin de una era en el Universo Cinematográfico de Marvel. Con informes de que Marvel ya planea nuevas grabaciones de Avengers: Doomsday para seguir adelante sin él, su partida sería el último clavo en el ataúd de su legado como Bruce Banner.
Ruffalo, sin embargo, parece estar mirando hacia un futuro sin capas ni pantallas verdes. Recientemente, ha estado más activo en la organización política que en la promoción cinematográfica, apoyando a candidatos como Zohran Mamdani y abogando por cambios radicales en la distribución global de la riqueza.
Queda por ver si Mark Ruffalo realmente empaca sus maletas para irse a Londres. Las promesas de irse de los famosos son un cliché común en la política estadounidense, a menudo olvidadas cuando llega el siguiente guion. Pero la situación de Ruffalo es diferente. La pérdida de 500 millones de dólares en contratos y la prohibición de por vida de los escenarios más importantes de la industria sugieren que no solo está “hablando”, sino que ya se están quemando los puentes.
Para Ruffalo, el Reino Unido podría ofrecer un nuevo comienzo, pero para la industria del entretenimiento estadounidense, su partida dejaría un enorme vacío. Era la “brújula moral” de los Vengadores, un hombre que se negaba a mentir en la alfombra roja y una estrella que realmente predicaba con el ejemplo.
«Si decir la verdad me convierte en un exiliado», supuestamente concluyó Ruffalo, «entonces seré un exiliado. Prefiero vivir en una casa que no conozco que en un país que ya no reconozco».
