🔴 ÚLTIMA HORA: Franco Colapinto ha invertido en el kartódromo donde dio sus primeras vueltas como niño — no para cambiarle el nombre, no para convertirlo en un espacio exclusivo y mucho menos para servir a una élite — sino para transformarlo en “Colapinto Futuro”, una academia integral de automovilismo y educación destinada a jóvenes que, de otro modo, jamás tendrían acceso a este deporte.
De aquel chico que entrenaba en silencio, soñando entre motores y vallas, a competir en los escenarios más exigentes del automovilismo internacional, Franco Colapinto no solo desafió las probabilidades: regresó por aquellos niños que aún permanecen detrás de la cerca, mirando desde afuera con un sueño que parecía inalcanzable.

La historia del automovilismo suele narrarse desde la cima: trofeos, contratos millonarios, podios televisados y cifras que parecen pertenecer a otro mundo. Sin embargo, pocas veces se detiene en los márgenes, en esos espacios donde el talento existe, pero los recursos no. Es precisamente allí donde la iniciativa de Franco Colapinto adquiere un significado que trasciende lo deportivo y se inscribe en una lógica de responsabilidad social concreta, estructural y sostenida.
“Colapinto Futuro” no es simplemente una academia de formación técnica. Se trata de un proyecto educativo integral que combina entrenamiento deportivo, acompañamiento académico y contención social. El objetivo no es únicamente formar pilotos, sino ciudadanos: jóvenes capaces de desenvolverse dentro y fuera de la pista, con herramientas intelectuales, emocionales y éticas que les permitan construir un futuro digno, incluso si el automovilismo profesional no llega a materializarse.
El kartódromo, ubicado en una zona históricamente accesible para la comunidad local, fue durante años un espacio modesto, frecuentado por familias que hacían enormes sacrificios para sostener el sueño de sus hijos. Allí, el propio Colapinto dio sus primeros pasos, lejos de reflectores y patrocinadores. Ese origen explica, en gran medida, la filosofía del proyecto: no borrar el pasado, sino resignificarlo; no excluir, sino ampliar.

En un deporte marcado por barreras económicas cada vez más altas, la decisión de no privatizar ni elitizar el circuito resulta particularmente relevante. Mientras muchas instalaciones deportivas se transforman en enclaves cerrados, “Colapinto Futuro” apuesta por un modelo abierto, con becas completas y parciales, programas de detección de talento en escuelas públicas y alianzas con instituciones educativas para garantizar la continuidad escolar de los participantes.
Desde una perspectiva sociológica, la iniciativa puede leerse como una intervención directa en el problema de la desigualdad de oportunidades. El acceso al automovilismo, históricamente reservado a sectores con alto poder adquisitivo, se redefine aquí como un derecho potencial, condicionado no por el capital económico, sino por el compromiso, la disciplina y el esfuerzo personal. Esta reconfiguración simbólica no es menor: redefine quién puede soñar y quién tiene derecho a intentarlo.
Franco Colapinto, hoy referente de una nueva generación de pilotos latinoamericanos, no construye su legado únicamente a partir de resultados deportivos. Su decisión de invertir recursos, tiempo y capital simbólico en este proyecto revela una comprensión madura del rol público del deportista contemporáneo. Lejos de limitarse a la filantropía ocasional, el piloto apuesta por una estructura permanente, con impacto medible y proyección a largo plazo.
El programa educativo de la academia incluye tutorías académicas, talleres de habilidades socioemocionales y formación en valores como el trabajo en equipo, la resiliencia y el respeto. Asimismo, se prevé la participación de profesionales de distintas áreas —ingenieros, psicólogos deportivos, docentes— que acompañarán el desarrollo integral de los jóvenes. El automovilismo funciona, así, como puerta de entrada a un proceso formativo más amplio.
Resulta especialmente potente la imagen que resume el espíritu del proyecto: niños observando desde detrás de la cerca, soñando con una oportunidad que parecía destinada a otros. Colapinto vuelve precisamente por ellos. No como ídolo inalcanzable, sino como testimonio viviente de que el trayecto es posible, aunque difícil, y de que nadie llega solo.

En un contexto global donde el deporte de alto rendimiento enfrenta críticas crecientes por su desconexión con las realidades sociales, iniciativas como “Colapinto Futuro” reafirman el potencial transformador del deporte cuando se articula con educación, inclusión y compromiso comunitario. No se trata de romanticismo, sino de políticas concretas aplicadas desde el terreno.
A largo plazo, el impacto del proyecto no se medirá únicamente en títulos o pilotos profesionales surgidos de la academia, sino en trayectorias vitales reconducidas, en jóvenes que encontraron un espacio de pertenencia, una disciplina formativa y una red de apoyo. En ese sentido, el verdadero triunfo de Franco Colapinto puede no darse en la pista, sino en cada historia individual que logre cruzar la cerca y entrar al circuito de las oportunidades reales.
Así, “Colapinto Futuro” se instala no solo como una academia, sino como un manifiesto: el éxito auténtico no consiste únicamente en llegar, sino en volver y abrir el camino para otros. En tiempos donde el mérito suele confundirse con privilegio, este gesto redefine el significado de ganar.