El paddock de la Fórmula 1 amaneció sacudido por una noticia que nadie esperaba. Según informaciones que comenzaron a circular desde temprano en varios medios europeos, la FIA habría abierto una investigación urgente contra Red Bull Racing tras recibir una denuncia formal presentada por McLaren. Aunque los organismos oficiales mantienen un silencio prudente, la palabra “situación sin precedentes” empezó a repetirse entre ingenieros, jefes de equipo y periodistas especializados.
De acuerdo con fuentes cercanas al proceso, la queja de McLaren apunta a posibles irregularidades técnicas relacionadas con el rendimiento del monoplaza de Max Verstappen. No se trataría de un solo elemento, sino de un conjunto de detalles aerodinámicos y de gestión energética que, según el equipo británico, podrían estar rozando —o directamente cruzando— los límites del reglamento. Por ahora, la FIA solo ha confirmado que “evalúa información recibida”.
Un miembro del paddock, que pidió anonimato, aseguró que la denuncia llegó acompañada de documentos, imágenes térmicas y datos comparativos recogidos durante varios Grandes Premios. “No fue una carta genérica”, explicó. “McLaren vino con un dossier bastante completo”. Este mismo informante reveló que la FIA activó de inmediato su protocolo de revisión técnica, algo que solo ocurre cuando consideran que hay elementos suficientemente serios.

El primer “secreto” que comenzó a circular entre bastidores es que McLaren llevaba semanas recopilando pruebas. Según una fuente interna, el equipo notó patrones extraños en la degradación de neumáticos de Red Bull y en su capacidad para mantener ritmo en tandas largas. “Había algo que no cuadraba”, habría dicho un ingeniero. “No puedes lograr ese equilibrio sin algún tipo de ventaja técnica”.
Desde Red Bull, la reacción inicial fue de sorpresa absoluta. Personas del entorno del equipo austríaco aseguran que Christian Horner convocó una reunión de emergencia con sus responsables técnicos apenas se enteró de la investigación. “Estaba furioso, pero también confiado”, relató alguien presente. “Dijo claramente que no había nada ilegal y que cooperarían al cien por cien con la FIA”.
Max Verstappen, por su parte, habría sido informado minutos antes de una sesión de simulador. Según alguien cercano al piloto, su respuesta fue fría y directa: “Que revisen lo que quieran”. Esa frase se repite ahora en el paddock como símbolo de la seguridad que transmite el campeón del mundo. Aun así, quienes lo conocen aseguran que este tipo de situaciones siempre generan tensión, incluso cuando uno cree tener todo en regla.
Otro detalle que salió a la luz es que la FIA ya habría inspeccionado discretamente ciertos componentes del RB21 durante el último fin de semana de carrera. Un técnico rival afirmó que vio a delegados federativos tomando mediciones adicionales en el parque cerrado. “No era una revisión normal”, comentó. “Estaban mirando zonas muy específicas del coche”. Ese movimiento alimentó los rumores incluso antes de que la denuncia se hiciera pública.

Entre los puntos bajo sospecha se mencionan el sistema de refrigeración, ciertos conductos aerodinámicos y una posible interpretación agresiva de las tolerancias del reglamento. Nada de esto ha sido confirmado oficialmente, pero un ingeniero del paddock explicó que “en la F1 moderna, una milésima de flexibilidad en una pieza puede convertirse en décimas en pista”. McLaren, al parecer, cree haber encontrado justo ese margen.
Un insider del equipo británico reveló que la decisión de denunciar no fue sencilla. “Sabían que esto iba a tensar el ambiente”, dijo. “Pero también sentían que, si no lo hacían, estarían aceptando una desventaja permanente”. Según esta fuente, Zak Brown dio luz verde tras una larga reunión con el departamento técnico y legal. “No querían ruido mediático, querían claridad deportiva”.
El segundo gran secreto del caso es que otros equipos estarían observando la situación muy de cerca, aunque sin sumarse públicamente a la queja. “Todos están mirando”, aseguró un jefe de ingenieros de un equipo del medio de la parrilla. “Si la FIA encuentra algo, habrá un efecto dominó”. Nadie quiere quedar fuera si se demuestra que Red Bull ha explotado un vacío reglamentario.
Mientras tanto, desde la FIA se insiste en que el proceso seguirá los cauces habituales. Sin embargo, una fuente federativa reconoció que la presión es enorme. “Red Bull domina, Verstappen es la referencia y McLaren está en plena pelea”, explicó. “Cualquier decisión tendrá impacto deportivo y político”. Por eso, el análisis podría extenderse varias semanas, incluyendo simulaciones, comparativas y consultas con expertos externos.
Otro testimonio revelador proviene de alguien que participó en una reunión técnica reciente. Según esta persona, un delegado de la FIA habría dicho off the record: “Si es legal, lo diremos. Si no lo es, actuaremos. No importa el nombre del equipo”. Esa frase circula ahora como una señal de que el organismo quiere mostrar máxima transparencia, consciente del escrutinio público.

En paralelo, el entorno de Verstappen intenta blindar al piloto del ruido mediático. Personas cercanas aseguran que Max sigue concentrado en su preparación y evita leer titulares. “Él solo piensa en conducir”, comentó alguien de su equipo. “Todo lo demás lo dejamos en manos de abogados e ingenieros”. Aun así, es imposible ignorar el ambiente cargado que se respira en cada rincón del paddock.
También se ha filtrado que Red Bull estaría preparando su propia defensa técnica, con informes detallados listos para ser entregados a la FIA. Un miembro del equipo afirmó que tienen “cada pieza documentada”. “Sabemos exactamente por qué hacemos lo que hacemos”, dijo. “No hay trucos ocultos”. Este nivel de preparación sugiere que el equipo se toma la investigación extremadamente en serio.
Más allá de los aspectos técnicos, el caso vuelve a poner sobre la mesa la guerra psicológica entre escuderías punteras. Un exdirector deportivo lo resumió así: “Esto es Fórmula 1 pura. Cuando estás cerca del líder, buscas cualquier grieta”. Para algunos, la denuncia es parte del juego; para otros, una señal de que la lucha por el campeonato ha entrado en una fase mucho más agresiva.
Por ahora, no hay veredicto ni plazos oficiales. Lo único claro es que la investigación ya está en marcha y que sus conclusiones podrían cambiar el rumbo de la temporada. Verdadera o no la acusación, el impacto ya se siente. El paddock está en vilo, los equipos revisan sus propios coches y los aficionados esperan respuestas. En la Fórmula 1, a veces, una denuncia basta para sacudirlo todo.