COMUNICADO OFICIAL QUE ELEVA LA TENSIÓN EN LA FÓRMULA 1: El expiloto de Red Bull, Checo Pérez, advirtió a la FIA que si cometen faltas intencionalmente para perjudicar a su excompañero Max Verstappen en el Gran Premio de Australia de Fórmula 1 de 2026, no las perdonará. “La FIA es una vergüenza; están destruyendo la Fórmula 1”.

La Fórmula 1 amaneció sacudida por un comunicado que, lejos de calmar los ánimos, encendió una de las controversias más delicadas de los últimos años. El protagonista fue Sergio “Checo” Pérez, expiloto de Red Bull y una de las voces más influyentes del paddock moderno, quien lanzó una advertencia directa y sin rodeos a la Federación Internacional del Automóvil. El mensaje fue contundente y tuvo como telón de fondo el próximo Gran Premio de Australia de la temporada 2026, una cita que ya estaba marcada en rojo por su valor simbólico y deportivo.
Checo Pérez no habló desde la improvisación ni desde el resentimiento, sino desde una posición que mezcla experiencia, conocimiento interno del sistema y una relación personal con Max Verstappen que marcó una era en Red Bull. En su declaración, Pérez dejó claro que no tolerará ningún tipo de falta intencional que busque perjudicar a su excompañero, una acusación que, aunque no nombra hechos concretos, apunta directamente a una preocupación que muchos dentro del paddock comparten en silencio.
“La FIA es una vergüenza; están destruyendo la Fórmula 1”, afirmó Pérez en un tono que sorprendió incluso a los más acostumbrados a las declaraciones fuertes. Sus palabras se propagaron con rapidez por el mundo del automovilismo y obligaron a la FIA a reaccionar de inmediato con un comunicado oficial que, lejos de apagar el incendio, terminó por enfurecer aún más al piloto mexicano.

Desde el entorno de Checo se filtró que el contenido de la respuesta de la FIA fue percibido como evasivo y carente de autocrítica, una postura que reforzó la sensación de que existe una desconexión creciente entre el organismo rector y quienes han vivido la categoría desde dentro. Pérez, que durante años defendió públicamente la necesidad de reglas claras y consistentes, considera que la credibilidad del campeonato está en juego.
La figura de Max Verstappen aparece como un eje central de esta controversia. El tricampeón mundial y actual referente de la Fórmula 1 mantiene una relación profesional sólida con Checo, pese a los episodios de tensión vividos en sus últimos años como compañeros de equipo. Pérez ha insistido en que su defensa no responde a una amistad personal, sino a un principio deportivo. “Max se ha ganado todo en la pista. Cualquier intento de condicionarlo desde un despacho sería inaceptable”, habría comentado el mexicano en conversaciones privadas con miembros del paddock.
El Gran Premio de Australia de 2026 se presenta como un escenario especialmente sensible. Melbourne ha sido históricamente un punto de inflexión en varias temporadas y, según diversas fuentes, la FIA planea implementar directrices más estrictas en la interpretación de incidentes de carrera, límites de pista y sanciones. Para Checo Pérez, ese contexto aumenta el riesgo de decisiones arbitrarias que puedan alterar el resultado deportivo.

La reacción del público no se hizo esperar. En redes sociales, miles de aficionados respaldaron la postura del expiloto de Red Bull, destacando su valentía al enfrentar a una institución que pocas veces recibe críticas tan directas de figuras con peso real en la Fórmula 1. Analistas y ex pilotos también comenzaron a pronunciarse, señalando que las palabras de Pérez reflejan un malestar acumulado que va más allá de un solo Gran Premio.
Desde la FIA, el comunicado oficial defendió la imparcialidad del organismo y reafirmó su compromiso con la integridad del campeonato. Sin embargo, el tono institucional fue interpretado por muchos como distante y poco empático. Checo Pérez, según personas cercanas, consideró que la respuesta fue una confirmación de sus temores. “No se trata de mí, se trata del futuro del deporte”, habría expresado el mexicano al conocer el contenido del mensaje.
La trayectoria de Checo Pérez le otorga una autoridad difícil de ignorar. Con más de una década en la Fórmula 1, victorias emblemáticas y un rol clave en los éxitos recientes de Red Bull, su voz sigue siendo influyente incluso fuera de la parrilla. Su advertencia no es solo una crítica, sino una línea roja trazada con claridad ante lo que percibe como un riesgo estructural para la categoría.
En el entorno de Max Verstappen, el silencio ha sido la estrategia elegida. El piloto neerlandés se ha concentrado en su preparación para la temporada 2026, evitando entrar en un conflicto institucional que podría distraerlo. No obstante, personas cercanas al campeón aseguran que valora el respaldo público de Checo Pérez y comparte la preocupación por la coherencia en la aplicación del reglamento.
La Fórmula 1 atraviesa un momento de expansión global sin precedentes, con nuevos mercados, audiencias récord y una creciente presión comercial. En ese contexto, las decisiones de la FIA están bajo un escrutinio constante. El comunicado que desató la furia de Checo Pérez se suma a una serie de episodios recientes que han alimentado el debate sobre la transparencia y la consistencia del organismo.
A medida que se acerca el Gran Premio de Australia, la tensión no parece disminuir. La advertencia de Checo Pérez resuena como un recordatorio incómodo de que la legitimidad del espectáculo depende de algo más que velocidad y tecnología. Depende de la confianza en que las reglas se aplican sin agendas ocultas ni favoritismos.
Lo ocurrido deja en claro que la temporada 2026 no solo se jugará en la pista. También se definirá en el terreno de la credibilidad institucional, donde figuras como Checo Pérez han decidido alzar la voz sin medias tintas. El desenlace de esta confrontación marcará un precedente que podría influir en la Fórmula 1 durante los próximos años.