El príncipe Jassim bin Hamad Al Thani, uno de los miembros más influyentes de la familia real catarí y conocido por sus ambiciosas inversiones en el deporte global, ha dado un paso audaz que podría redefinir el futuro de la Fórmula 1. Con una declaración que resonó como un trueno en el paddock, el multimillonario catarí anunció oficialmente el lanzamiento de una campaña de apoyo masivo al piloto argentino Franco Colapinto, con el objetivo explícito de convertirlo en el piloto número 1 de la categoría reina en los próximos cinco años.

“Convertiré a Franco Colapinto en el piloto número 1 de la Fórmula 1 en los próximos 5 años”, habría declarado el príncipe Jassim, según las primeras filtraciones que circularon en redes sociales y medios especializados. Esta afirmación no es mera retórica: viene acompañada de una inversión multimillonaria que, según fuentes cercanas al entorno del catarí, supera con creces los presupuestos anuales de la mayoría de los equipos de la parrilla actual.
El respaldo financiero no solo busca garantizar la estabilidad de Colapinto en Alpine, donde compite desde mediados de 2025, sino también potenciar su desarrollo hasta niveles que lo coloquen en la pelea por el campeonato mundial.
Franco Colapinto, el joven talento de 22 años nacido en Buenos Aires, irrumpió en la Fórmula 1 en 2024 con Williams, donde impresionó por su velocidad y carisma a pesar de las limitaciones técnicas del monoplaza. Su paso a Alpine como reserva y posterior promoción a titular marcó un punto de inflexión.
En 2025, aunque el equipo francés atravesó una temporada complicada sin puntos destacados, Colapinto mostró destellos de calidad: mejoró notablemente su consistencia, ganó confianza en clasificación y carrera, y se ganó el respaldo interno de figuras como Flavio Briatore, asesor ejecutivo de Alpine, quien lo describió como un piloto “cambiado” y maduro tras superar un inicio difícil.
La renovación de su contrato para 2026, confirmada a finales de 2025, ya representaba un logro significativo en un entorno donde los asientos son cada vez más escasos y competitivos. Sin embargo, la irrupción del príncipe Jassim eleva la apuesta a otro nivel. Miembro de la dinastía Al Thani, que ha gobernado Qatar durante generaciones y ha impulsado inversiones estratégicas en deportes como el fútbol (con Paris Saint-Germain) o incluso en la propia Fórmula 1 (a través de la Qatar Investment Authority en proyectos como el de Audi-Sauber), Jassim ve en Colapinto una oportunidad única para expandir la influencia qatarí en el automovilismo de élite.
Las filtraciones iniciales hablan de un paquete de apoyo que incluye no solo patrocinio directo, sino también recursos para desarrollo técnico personalizado, simuladores de última generación, programas de entrenamiento en instalaciones de alto rendimiento en Doha y posiblemente alianzas con ingenieros y estrategas de primer nivel. Este nivel de inversión privada en un piloto individual es poco común en la era moderna de la Fórmula 1, donde los presupuestos están regulados por el tope financiero y las estructuras de los equipos dominan el gasto.
Sin embargo, en un momento en que el grid se prepara para la revolución reglamentaria de 2026 —con nuevos motores más sostenibles, chasis más ligeros y aerodinámica activa—, un respaldo de esta magnitud podría marcar la diferencia entre pelear por podios o quedarse en la mitad de la tabla.
Colapinto, por su parte, ha mantenido un perfil bajo pero firme ante el anuncio. Fuentes cercanas al piloto indican que recibió la noticia con profesionalismo, enfocándose en el trabajo inmediato: las pruebas de pretemporada en Barcelona y Bahréin, donde ya ha rodado con el A526, el monoplaza de Alpine para 2026 equipado con unidad de potencia Mercedes. “Estoy listo para demostrar mi verdadero potencial”, habría respondido el argentino, una frase concisa que refleja su mentalidad: menos palabras, más acción en pista.
El impacto de esta alianza trasciende lo deportivo. Para Argentina, representa una inyección de orgullo nacional en un deporte donde los pilotos latinos han brillado históricamente —de Fangio a Reutemann, pasando por los éxitos recientes de Pérez—. La base de fans de Colapinto, ya masiva en su país, se ha multiplicado con este respaldo, generando expectativa por ver si el talento puro del piloto puede combinarse con recursos ilimitados para desafiar a los Verstappen, Leclerc o Norris del futuro.
Desde el lado catarí, la movida encaja en una estrategia más amplia de soft power. Qatar, anfitrión del Mundial de Fútbol 2022 y del Gran Premio de Fórmula 1 en Losail, busca consolidarse como potencia en el motorsport. Apoyar a un piloto joven y carismático como Colapinto permite diversificar su imagen más allá de los circuitos locales y proyectar valores de talento emergente y globalización. Además, en un contexto donde Mercedes suministra motores a Alpine, la conexión indirecta con Qatar —que mantiene lazos fuertes con el fabricante alemán— podría abrir puertas a colaboraciones técnicas futuras.
Por supuesto, los desafíos no son menores. La Fórmula 1 es un ecosistema implacable: el rendimiento debe traducirse en resultados concretos. Colapinto deberá mejorar sus qualys, donde aún tiene margen de crecimiento según Briatore, y convertir las oportunidades en puntos regulares. Alpine, un equipo en reconstrucción, necesita estabilidad financiera y técnica para escalar posiciones. La pérdida reciente de sponsors como Mercado Libre en el livery del A526 generó incertidumbre, pero la llegada de fondos qataríes podría compensar con creces esa salida y estabilizar el proyecto.
Si todo sale según lo planeado por el príncipe Jassim, en cinco años podríamos ver a Franco Colapinto no solo como un piloto competitivo, sino como el referente indiscutido de la categoría. Un campeón del mundo argentino sería un hito histórico, reviviendo la era dorada de Fangio en plena era híbrida y sostenible. Mientras tanto, el paddock observa con atención: una inversión de esta escala no solo cambia la trayectoria de un piloto, sino que podría alterar equilibrios de poder en la Fórmula 1 moderna.
El camino está trazado. Las pruebas invernales ya comenzaron, los rumores no cesan y la temporada 2026 se perfila como el inicio de algo grande. Franco Colapinto, respaldado por uno de los hombres más poderosos del mundo árabe, tiene ahora las herramientas para soñar en grande. Queda por ver si el talento argentino, combinado con esta ambición catarí, logra transformar palabras en victorias. El reloj ya corre: cinco años para coronar al número 1.