¡“Dejen descansar a mi madre, no involucren a mi familia ni a mi país!” La frase de Aryna Sabalenka que paralizó la sala de prensa y cambió el rumbo de la polémica en segundos
Lo que iba a ser una rueda de prensa rutinaria tras su victoria en el Mutua Madrid Open se convirtió, en menos de dos minutos, en uno de los momentos más virales y emotivos del año en el tenis mundial. El 2 de mayo de 2026, Aryna Sabalenka acababa de derrotar a una rival de peso en octavos de final y caminaba hacia la sala de conferencias con la habitual mezcla de cansancio y satisfacción. Pero allí la esperaba El Gran Wyoming, el polémico presentador y humorista español invitado como “periodista invitado” por un medio digital para hacer preguntas “distendidas”.

Wyoming, conocido por su estilo irreverente y sus comentarios sin filtro, abrió su intervención con una frase que hizo que el ambiente se congelara:
“Tu madre debe estar orgullosa… aunque con ese carácter tuyo, igual está pensando en cambiarse de hija, ¿no? Y en Bielorrusia seguro que te ven como la mala de la película por jugar en España mientras tu país está como está.”
El comentario no solo fue cruel, sino que tocó dos puntos extremadamente sensibles: la relación de Sabalenka con su madre (quien ha luchado contra una enfermedad grave en los últimos años) y la compleja situación política y emocional de Bielorrusia, país natal de la tenista, que ha sido fuente de críticas y presiones constantes hacia ella por seguir compitiendo internacionalmente.
La sala quedó en silencio absoluto durante tres segundos eternos. Los periodistas se miraron entre sí, los micrófonos captaron el sonido de respiraciones contenidas. Aryna, que hasta ese momento había mantenido su habitual compostura, levantó lentamente la mirada hacia Wyoming. Sus ojos, normalmente fieros y concentrados en la pista, ahora brillaban con una mezcla de dolor y furia contenida.
Entonces, sin levantar la voz pero con una claridad que cortaba el aire, pronunció diez palabras que se convirtieron en titulares instantáneos en todo el planeta:
“Dejen descansar a mi madre, no involucren a mi familia ni a mi país.”
Diez palabras. Ni un grito, ni un insulto, ni una réplica ingeniosa. Solo una petición directa, digna y devastadora. La frase resonó en el micrófono y se quedó flotando en la sala como un mazazo. Wyoming, visiblemente descolocado, intentó recomponerse y balbuceó una disculpa a medias: “Era solo humor, mujer, no te lo tomes tan a pecho… paz, ¿vale?”.

Pero Aryna ya no estaba dispuesta a dejarlo pasar. Tomó el micrófono de nuevo y, mirando directamente a cámara, añadió con voz firme pero temblorosa por la emoción:
“Mi madre está luchando por su vida. Cada día. Cada noche. Y yo juego al tenis para que ella pueda sonreír cuando me ve ganar. No para que la usen como chiste barato. Si quieres reírte, ríete de mí. Pero no de ella. Nunca de ella. Y no de mi país, que ya ha sufrido bastante sin que tú le eches más peso encima.”
La sala estalló. Algunos periodistas aplaudieron espontáneamente, otros se quedaron mudos. Wyoming bajó la cabeza, murmuró algo inaudible y se sentó. El moderador intentó recuperar el control, pero ya era tarde: el vídeo del momento ya circulaba por todas las redes sociales del mundo.
En menos de una hora, #DejenDescansarAMiMadre y #ArynaStrong se convirtieron en tendencia global. Millones de personas compartieron el clip, muchas con lágrimas en los ojos. Jugadoras como Iga Świątek, Coco Gauff y Ons Jabeur lo repostearon con mensajes de apoyo. Rafael Nadal escribió: “Fuerza, Aryna. Tu madre está orgullosa de ti, como todos nosotros”. Novak Djokovic publicó una historia en Instagram con la bandera de Bielorrusia y un corazón.
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Pero el impacto más profundo se sintió en Bielorrusia y en las comunidades de la diáspora. Miles de bielorrusos, que durante años han visto a Sabalenka como una figura complicada por su neutralidad deportiva obligada, la abrazaron virtualmente como nunca antes. Mensajes como “Gracias por defender a tu madre y a nuestra gente” o “Eres más grande que cualquier trofeo” inundaron sus redes.
En España la reacción fue doble. Por un lado, indignación masiva contra Wyoming, que en cuestión de horas perdió patrocinadores y vio cómo varias cadenas anunciaban que no volverían a invitarlo a programas deportivos. Por otro, un apoyo abrumador hacia Sabalenka: clubes de tenis, escuelas infantiles y familias enteras le enviaron vídeos de apoyo. El propio rey Felipe VI hizo llegar un mensaje privado de solidaridad a través de la Real Federación Española de Tenis.
Wyoming, acorralado por la ola de críticas, publicó una disculpa escrita al día siguiente: “Fui un imbécil. Lo siento de corazón. No era mi intención herir a nadie, menos a una madre que está luchando. Respeto total a Aryna y a su familia”. Pero el daño ya estaba hecho.
Para Aryna, el episodio marcó un antes y un después. Días después, en su siguiente rueda de prensa, habló con calma: “No busco venganza ni atención. Solo quiero que la gente entienda que detrás de cada raqueta hay una persona, una familia, una historia. Mi madre me enseñó a pelear en la pista y fuera de ella. Y eso es lo que hago todos los días”.
Desde entonces, cada vez que gana un partido, millones de personas no solo ven a una tenista número 2 del mundo: ven a una hija defendiendo con uñas y dientes el legado de amor y sacrificio de su madre. Y eso, más que cualquier título, es lo que realmente la está convirtiendo en leyenda.