El mundo del automovilismo vivió momentos de máxima tensión cuando la nueva RB21 del equipo Red Bull Racing se incendió de manera repentina durante una sesión de pruebas libres en San Francisco, con Max Verstappen al volante. Lo que comenzó como una jornada técnica destinada a recopilar datos terminó convirtiéndose en una escena de angustia, humo denso y preocupación generalizada en el paddock.
Según testigos presentes en el circuito urbano provisional instalado en la ciudad, el incidente ocurrió pocos segundos después de una brusca aceleración en la recta principal. El monoplaza, que había salido del garaje apenas minutos antes, mostró una ligera pérdida de potencia antes de que llamas visibles emergieran desde el compartimiento del motor. En cuestión de instantes, el humo comenzó a invadir la parte trasera del coche.
Los comisarios reaccionaron con rapidez, pero durante varios segundos que parecieron eternos, Verstappen permaneció dentro del habitáculo rodeado por humo espeso. Las imágenes captadas por cámaras de aficionados mostraron al piloto intentando liberar el volante y desabrochar el sistema de seguridad mientras el equipo de pista corría hacia el lugar con extintores. La tensión se apoderó de las gradas, donde se escucharon gritos de alarma.

El equipo técnico de Red Bull cerró inmediatamente el acceso a la zona afectada, activando el protocolo de emergencia habitual en estos casos. Fuentes internas confirmaron que el sistema de supresión de incendios del monoplaza se activó automáticamente, ayudando a contener parte de las llamas antes de que el fuego se propagara hacia el tanque de combustible. Este detalle, según especialistas, pudo haber sido decisivo para evitar consecuencias mayores.
Durante varios minutos no se ofreció información oficial sobre el estado físico del tricampeón del mundo, lo que alimentó una ola de especulaciones en redes sociales y medios especializados. Finalmente, un portavoz del equipo confirmó que Verstappen había salido del vehículo por sus propios medios y fue trasladado al centro médico del circuito para evaluaciones preventivas. “Max está consciente y estable”, señaló el comunicado inicial.
Sin embargo, la incertidumbre persistió hasta que el propio piloto apareció brevemente ante la prensa. Con semblante serio pero tranquilo, explicó que notó un olor extraño y una pérdida de respuesta en el acelerador instantes antes del incendio. “Sentí que algo no estaba bien, y de repente vi humo en los retrovisores”, relató. También destacó la eficacia de los sistemas de seguridad modernos en la Fórmula 1.

Ingenieros del equipo comenzaron inmediatamente una investigación técnica para determinar la causa exacta del siniestro. Primeras hipótesis apuntan a una posible falla en el sistema híbrido o en el cableado de alta tensión, componentes críticos en los actuales monoplazas de la Fórmula 1. Un cortocircuito en esa área podría haber generado el sobrecalentamiento que desencadenó las llamas.
Especialistas independientes subrayaron que la RB21 incorpora innovaciones aerodinámicas y mecánicas diseñadas para optimizar el rendimiento en circuitos urbanos, donde la gestión térmica es especialmente exigente. El incidente reabre el debate sobre los límites entre innovación extrema y fiabilidad, un equilibrio delicado que todos los equipos buscan dominar en cada nueva temporada.
Dentro del paddock, la reacción fue de solidaridad. Pilotos de escuderías rivales se acercaron al garaje de Red Bull para informarse sobre el estado de Verstappen. Uno de ellos comentó que ver fuego en un monoplaza siempre genera un escalofrío, incluso en una era donde la seguridad ha avanzado de manera extraordinaria. La memoria colectiva del deporte aún guarda episodios dramáticos del pasado.

La organización del evento también emitió un comunicado destacando que los protocolos funcionaron según lo previsto y que no hubo heridos entre el personal ni el público. Aun así, la sesión fue suspendida temporalmente para revisar las condiciones de seguridad y permitir la limpieza completa de la pista, donde quedaron restos de fibra de carbono y fluidos.
El propio Verstappen quiso enviar un mensaje tranquilizador a sus seguidores. “Estoy bien, eso es lo más importante”, afirmó, agradeciendo la rápida intervención de los comisarios y del equipo médico. No obstante, reconoció que la experiencia fue impactante y que durante unos segundos sintió la magnitud del riesgo inherente a la competición.
El incidente podría tener implicaciones más amplias para Red Bull de cara al inicio oficial de la temporada. Más allá del daño material, el equipo deberá revisar minuciosamente cada componente para garantizar que no exista un defecto estructural en el diseño de la RB21. La FIA, por su parte, podría solicitar informes técnicos detallados antes de autorizar nuevas pruebas.
Mientras tanto, el mundo de la Fórmula 1 sigue atento a las conclusiones de la investigación. Lo ocurrido en San Francisco sirve como recordatorio de que, pese a los avances tecnológicos y los estrictos estándares de seguridad, el automovilismo continúa siendo un deporte de alto riesgo. La prioridad ahora es comprender qué falló y asegurar que una escena similar no vuelva a repetirse.
La temporada está a punto de comenzar, pero la imagen de la RB21 envuelta en humo quedará grabada en la memoria reciente del campeonato. Para Max Verstappen, el susto podría transformarse en motivación adicional. Para la Fórmula 1, es una llamada de atención que reafirma la importancia de la innovación responsable y la vigilancia constante en cada detalle técnico.