El magnate empresarial e inversor argentino, Marcos Galperin, ha hecho una oferta pública directa a Franco Colapinto, proponiéndole el contrato de patrocinio personal más grande de su carrera
La noticia sacudió al mundo del automovilismo y del empresariado casi al mismo tiempo. Marcos Galperin, fundador de Mercado Libre y uno de los empresarios más influyentes de América Latina, sorprendió al hacer pública una propuesta directa a Franco Colapinto, la joven promesa argentina que está conquistando escenarios internacionales en el automovilismo. La oferta, descrita por fuentes cercanas como la más grande de la carrera del piloto hasta el momento, estaría valorada en decenas de millones de dólares y se extendería durante varios años, incluyendo una ambiciosa estrategia de promoción global.

Colapinto, que en los últimos meses ha visto crecer su popularidad tanto dentro como fuera de las pistas, se ha convertido en un símbolo del nuevo talento argentino. Su estilo agresivo pero inteligente al volante, sumado a su carisma natural frente a las cámaras, lo han transformado en una figura atractiva no solo para equipos y patrocinadores tradicionales, sino también para grandes grupos empresariales que buscan asociar su imagen con valores de juventud, innovación y proyección internacional.
La propuesta de Galperin no se limita a un simple acuerdo publicitario. Según trascendió, el contrato incluiría campañas globales, presencia en eventos internacionales, activaciones digitales y una narrativa cuidadosamente construida alrededor de la figura de Colapinto como referente de una nueva generación. Sin embargo, lo que más llamó la atención fue la condición central del acuerdo: a partir del Gran Premio de Australia de 2026, Franco Colapinto debería utilizar un mono de competición diseñado de manera exclusiva bajo la dirección personal de Marcos Galperin.
En un comunicado breve pero contundente, Galperin explicó la filosofía detrás de la propuesta. Afirmó que su objetivo es que Colapinto represente la elegancia moderna, la sostenibilidad y el espíritu juvenil, no solo como piloto, sino como un icono de estilo capaz de trascender el deporte. Para el empresario, el automovilismo ya no es únicamente una competencia de velocidad, sino una plataforma cultural y mediática con enorme impacto global.
La reacción inicial del entorno de Colapinto fue de sorpresa. Nadie esperaba que un empresario de tal magnitud realizara una oferta tan directa y pública, rompiendo con la discreción habitual que suele rodear este tipo de negociaciones. En redes sociales, la noticia se viralizó en cuestión de minutos, generando un intenso debate entre aficionados, analistas y periodistas especializados. Algunos celebraron la propuesta como un reconocimiento histórico al talento argentino, mientras otros cuestionaron si un requisito estético podía interferir con la identidad deportiva del piloto.
Horas después del anuncio, Franco Colapinto decidió no guardar silencio. En una transmisión en vivo seguida por miles de personas, el piloto apareció visiblemente sereno, consciente de la magnitud del momento. Agradeció públicamente a Marcos Galperin por el interés y el reconocimiento, destacando el orgullo que representa para él que una figura tan influyente del mundo empresarial apueste por su carrera. Sus palabras, medidas pero firmes, dejaron claro que estaba analizando la propuesta con responsabilidad y con su equipo.
Colapinto subrayó que, para él, lo más importante sigue siendo el rendimiento en la pista y el respeto por los valores que lo llevaron hasta donde está. Reconoció que el automovilismo moderno está profundamente ligado a la imagen, el marketing y las marcas, pero insistió en que cualquier decisión que tome deberá estar alineada con su identidad personal y profesional. Esta respuesta, lejos de cerrar el debate, lo intensificó aún más.
Desde el punto de vista del marketing deportivo, la jugada de Galperin ha sido calificada como audaz e innovadora. Expertos señalan que asociar una marca personal tan fuerte como la de Colapinto con conceptos como sostenibilidad y estilo puede abrir nuevas puertas, especialmente entre públicos jóvenes y mercados emergentes. Además, la dimensión internacional del acuerdo podría posicionar tanto al piloto como al empresario en un escenario global mucho más amplio.
En Argentina, la noticia fue recibida con un fuerte componente emocional. Colapinto es visto por muchos como un heredero natural de la rica tradición automovilística del país, y el respaldo de un empresario del calibre de Galperin refuerza esa narrativa. Programas de televisión, radios y portales digitales dedicaron amplios espacios a analizar el impacto potencial del acuerdo, no solo en la carrera del piloto, sino también en la imagen del deporte argentino en el exterior.
Mientras tanto, el silencio estratégico de Galperin tras la respuesta inicial de Colapinto no hizo más que alimentar la expectativa. Fuentes cercanas aseguran que las conversaciones continúan y que ambas partes son conscientes del valor simbólico y económico del acuerdo. La posibilidad de ver a Colapinto debutar en 2026 con un mono diseñado exclusivamente bajo esta alianza se ha convertido en uno de los temas más comentados del paddock.
Más allá de si el contrato finalmente se concreta o no, este episodio marca un punto de inflexión. Demuestra cómo el automovilismo actual se encuentra en la intersección entre deporte, negocios, imagen y cultura. Franco Colapinto ya no es solo un joven piloto prometedor; es una figura capaz de atraer a los grandes nombres del mundo empresarial. Y Marcos Galperin, con esta propuesta, ha dejado claro que ve en el deporte una plataforma estratégica para proyectar ideas, valores y ambiciones a escala global.
El desenlace aún está por escribirse, pero lo que es indiscutible es que esta oferta ha elevado el estatus de Colapinto y ha colocado a Argentina nuevamente en el centro de la conversación internacional. Para muchos, estamos ante el inicio de una nueva era en la relación entre el automovilismo y el gran capital latinoamericano.