ÚLTIMA HORA EN LA FÓRMULA 1. El anuncio cayó como un rayo en el paddock internacional: Daniel Cocenzo, presidente del poderoso Grupo Modelo mexicano, confirmó públicamente un acuerdo de patrocinio personal sin precedentes con Checo Pérez. No se trataba de un patrocinio tradicional ligado a un monoplaza o a un equipo, sino de una alianza directa con el piloto, pensada para acompañarlo dentro y fuera de la pista en su nueva etapa con Cadillac.
El contrato, descrito por fuentes cercanas como “histórico”, contempla una línea completa de ropa deportiva y casual de alta gama, diseñada exclusivamente para Checo Pérez. Cada prenda ha sido confeccionada a medida, no solo con criterios estéticos, sino también funcionales, pensadas para resistir viajes constantes, compromisos oficiales y la exigencia física de un calendario de Fórmula 1 cada vez más intenso.
Pero la parte que más sorprendió al mundo del automovilismo fue el paquete de apoyo financiero: 25 millones de dólares anuales destinados directamente al desarrollo profesional del piloto. Según el comunicado, estos fondos no están condicionados a resultados inmediatos, sino a un proyecto de crecimiento a largo plazo, coincidiendo con la primera temporada oficial de Checo Pérez como piloto de Cadillac en la Fórmula 1.

Daniel Cocenzo apareció ante la prensa con un discurso cuidadosamente medido, pero cargado de simbolismo. Destacó el “momento histórico” que vive el automovilismo mexicano y aseguró que Checo Pérez representa mucho más que talento deportivo. “Es disciplina, carácter y resistencia”, afirmó, subrayando que su empresa no invierte solo en campeonatos, sino en personas capaces de inspirar a generaciones enteras.
En contraste con la grandilocuencia del anuncio, la respuesta de Checo Pérez fue breve, casi minimalista. Apenas quince palabras publicadas en sus redes sociales oficiales. No mencionó cifras, ni contratos, ni marcas. Sin embargo, ese mensaje corto conmovió profundamente a la afición española y latinoamericana, que interpretó el texto como una declaración de lealtad, humildad y memoria personal.
Lo que pocos sabían en ese momento es que el acuerdo llevaba meses gestándose en absoluto secreto. Las negociaciones comenzaron incluso antes de que se confirmara oficialmente el proyecto de Cadillac en la Fórmula 1. Cocenzo había seguido de cerca la trayectoria de Pérez durante años, especialmente su capacidad para mantenerse competitivo en contextos adversos y estructuras inestables.
Fuentes cercanas al Grupo Modelo revelaron que el interés no nació de una estrategia publicitaria clásica. De hecho, varios ejecutivos se opusieron inicialmente a una inversión tan personalizada. El punto de inflexión fue una reunión privada en la que Checo Pérez, sin saber que estaba siendo evaluado como posible embajador, habló abiertamente sobre sacrificio, presión mediática y el costo humano del alto rendimiento.
Ese encuentro cambió la percepción de Cocenzo. Según testigos, el empresario quedó impresionado no por la fama del piloto, sino por su claridad emocional y su visión a largo plazo. “No estaba pidiendo apoyo, estaba explicando por qué quería seguir compitiendo”, relató una fuente. Ahí nació la idea de un patrocinio que protegiera al piloto, no que lo explotara.
La ropa diseñada para Checo Pérez es otro elemento cargado de significado. Cada pieza incluye referencias sutiles a momentos clave de su carrera: colores, texturas y símbolos que solo el piloto y su equipo conocen plenamente. No son prendas pensadas para venderse en masa, sino para acompañar una identidad. Es, según los diseñadores, “un uniforme civil para la guerra moderna del deporte”.
En el paddock, la noticia generó reacciones mixtas. Algunos rivales celebraron que un piloto latinoamericano alcanzara un nivel de respaldo tan sólido. Otros expresaron preocupación por el precedente que podría sentar: contratos personales que superan, en algunos casos, los presupuestos de escuderías completas de la zona media de la parrilla.
Cadillac, por su parte, reaccionó con un comunicado escueto pero revelador. Aseguró que el acuerdo no interfiere con las obligaciones contractuales del equipo y que, por el contrario, refuerza la estabilidad emocional y profesional de su piloto estrella. Internamente, sin embargo, se reconoce que el respaldo económico da a Pérez una libertad poco común en la Fórmula 1 moderna.

El verdadero secreto del acuerdo salió a la luz días después. Parte del financiamiento está destinado a un programa personal de preparación integral: entrenadores mentales, especialistas en neurociencia aplicada al rendimiento y un pequeño equipo de análisis independiente. Checo Pérez tendrá acceso a recursos que normalmente solo están disponibles para campeones consolidados.
Daniel Cocenzo no ocultó su entusiasmo al hablar del piloto. Lo definió como “un luchador silencioso”, alguien que nunca necesitó escándalos para destacar. En un momento particularmente comentado, afirmó que Checo había rechazado acuerdos más lucrativos en el pasado por no sentirse representado. Esa coherencia, dijo, fue decisiva para cerrar el trato.
La afición española reaccionó con especial emoción a las quince palabras de Checo. Muchos recordaron su etapa en circuitos europeos, sus años de adaptación y la presión constante de competir lejos de casa. El mensaje fue interpretado como un guiño a quienes lo apoyaron en silencio durante momentos difíciles, cuando su continuidad en la Fórmula 1 parecía incierta.
En redes sociales, analistas destacaron el contraste entre el ruido mediático del anuncio y la sobriedad del piloto. Mientras el mundo hablaba de cifras millonarias, Checo hablaba de gratitud, responsabilidad y camino recorrido. Esa diferencia reforzó su imagen de deportista centrado, ajeno a la ostentación que suele acompañar este tipo de acuerdos.
Dentro del Grupo Modelo, el acuerdo se considera una apuesta estratégica de largo plazo. No solo por la visibilidad global de la Fórmula 1, sino por el mensaje cultural: apoyar el talento nacional sin exigir sumisión ideológica ni resultados inmediatos. Es una narrativa que contrasta con la lógica impaciente del deporte de élite.

El contrato tiene cláusulas poco habituales. Una de ellas garantiza a Checo Pérez plena autonomía sobre las causas sociales que decida apoyar, sin imposiciones corporativas. Otra establece que ninguna campaña podrá utilizar su imagen en contextos políticos. Estas condiciones, poco comunes, fueron exigidas expresamente por el piloto.
Con el paso de los días, quedó claro que el anuncio iba más allá del dinero. Se trataba de control, de dignidad profesional y de confianza mutua. En un deporte donde los pilotos suelen ser piezas intercambiables, Checo Pérez aseguró algo distinto: respaldo sin condicionamientos visibles.
La temporada 2026 aún no ha comenzado, pero el movimiento ya ha alterado el equilibrio simbólico de la Fórmula 1. Otros pilotos observan con atención. Otros patrocinadores toman nota. Y el nombre de Checo Pérez vuelve a ocupar titulares, no por polémicas, sino por una decisión estratégica bien ejecutada.
Al final, el acuerdo entre Daniel Cocenzo y Checo Pérez revela algo que rara vez se dice en voz alta: el verdadero poder en el deporte no siempre está en el volante o en la chequera, sino en la capacidad de elegir con quién caminar. Y esa elección, silenciosa pero firme, es la que hoy redefine la carrera del piloto mexicano.