IMPACTO MUNDIAL EN EL DEPORTE: Se informa que Franco Colapinto se niega públicamente a usar la pulsera arcoíris LGBT en las próximas carreras de la temporada de Fórmula 1 2026, donde liderará al equipo Alpine junto al experimentado Pierre Gasly.

El joven piloto argentino, quien ha generado una auténtica fiebre en su país al convertirse en el primer representante albiceleste en la máxima categoría del automovilismo desde Juan Manuel Fangio y Carlos Reutemann hace más de dos décadas, explicó su postura con palabras firmes y sin rodeos durante una rueda de prensa previa al inicio de la pretemporada en Bahréin: “La Fórmula 1 debería centrarse en la carrera, la competencia y la victoria; no debería convertirse en una plataforma para propaganda política o ideológica”.

La declaración, pronunciada con la misma serenidad y determinación que ha caracterizado su meteórico ascenso en los últimos años, fue considerada por muchos como explosiva. En cuestión de horas, el mensaje se viralizó en todas las redes sociales, acumulando millones de visualizaciones, generando acalorados debates en los comentarios y convirtiéndose en tendencia mundial bajo hashtags opuestos que reflejaban la profunda división del tema. Por un lado, miles de seguidores, especialmente en Argentina y en sectores conservadores del automovilismo internacional, aplaudieron a Colapinto por defender lo que consideran la esencia pura del deporte, libre de agendas externas.

Por el otro, organizaciones de derechos LGBTQ+, activistas de la diversidad, varios pilotos y figuras influyentes del paddock condenaron la negativa, argumentando que el símbolo del arcoíris representa inclusión, respeto y lucha contra la discriminación, y que calificarlo de “propaganda” resulta ofensivo e insensible.
Esta controversia llega en un momento crucial para la carrera de Colapinto y para la propia Fórmula 1. Tras su debut impresionante con Williams en 2024, donde logró sumar puntos en varias carreras a pesar de un monoplaza poco competitivo, el argentino fue fichado por Alpine para la temporada 2025 como compañero de Gasly. Su rendimiento constante, combinado con un carisma natural y una conexión emocional con los aficionados sudamericanos, lo convirtió rápidamente en uno de los pilotos más seguidos del campeonato.
Ahora, con el cambio de reglamento técnico previsto para 2026 y el regreso de Mercedes como proveedor de motores para el equipo francés, Alpine aspira a dar un salto cualitativo importante. Colapinto, con apenas 23 años en enero de 2026, es visto como la gran apuesta a largo plazo: un talento capaz de liderar la reconstrucción del equipo y, quién sabe, pelear por podios e incluso victorias en el futuro cercano.
El origen del conflicto con la pulsera arcoíris se enmarca en una tendencia cada vez más visible en el deporte de élite. Desde hace varios años, la Fórmula 1, la FIA y varios equipos han impulsado iniciativas de diversidad e inclusión, especialmente durante el mes del Orgullo o en grandes premios emblemáticos. En 2023 y 2024, varios pilotos lucieron voluntariamente brazaletes o cascos con los colores del arcoíris, y la categoría ha colaborado con organizaciones como Racing Pride para promover un entorno más acogedor para la comunidad LGBTQ+.
Aunque la participación en estas campañas sigue siendo oficialmente voluntaria —a diferencia de lo ocurrido en el fútbol europeo con los brazaletes OneLove, donde algunos capitanes fueron sancionados por negarse—, la presión social y mediática ha crecido de forma notable. En el caso de 2026, fuentes cercanas a la FIA indican que se había planeado una campaña especial de “unidad y respeto” antes del Gran Premio inaugural, incluyendo la distribución de pulseras arcoíris a pilotos y miembros de los equipos como gesto simbólico.
La decisión de Colapinto de no participar ha colocado a la FIA, a Alpine y al propio piloto en una encrucijada delicada. Por un lado, la organización insiste en que no habrá sanciones formales, ya que se trata de una acción voluntaria. Sin embargo, el impacto reputacional es innegable: varios patrocinadores globales que apoyan las iniciativas de diversidad podrían replantearse su relación con el equipo o con la categoría si perciben falta de compromiso.
Al mismo tiempo, sectores importantes del público, especialmente en mercados emergentes como América Latina y partes de Europa del Este, ven con buenos ojos que un piloto se plante frente a lo que consideran una imposición ideológica. En Argentina, donde Colapinto ya es un héroe nacional, la mayoría de los comentarios en redes sociales han sido de apoyo rotundo, con frases como “Franco representa lo que somos” o “El deporte no necesita política” repitiéndose miles de veces.
El piloto, por su parte, ha mantenido la calma en los días posteriores a su declaración. En entrevistas posteriores se limitó a repetir que su prioridad absoluta es “competir al máximo nivel, darlo todo por el equipo y representar de la mejor manera posible a mi país”. Fuentes cercanas a Alpine aseguran que, internamente, la situación se maneja con cautela: el equipo valora el talento deportivo de Colapinto por encima de cualquier controversia externa y no prevé medidas disciplinarias.
Pierre Gasly, su compañero, declinó hacer comentarios directos sobre el tema, aunque en una rueda de prensa reciente subrayó que “cada piloto tiene derecho a expresar sus convicciones personales, siempre y cuando se respete a los demás”.
Más allá del caso puntual, el episodio pone de manifiesto las tensiones culturales que atraviesa actualmente el automovilismo de élite. La Fórmula 1 ha crecido enormemente en popularidad gracias a nuevos mercados, audiencias jóvenes y plataformas digitales, pero ese crecimiento también ha traído consigo expectativas de mayor compromiso social. Mientras algunos ven en estas iniciativas una evolución necesaria y positiva, otros las perciben como una distracción que aleja el foco de lo verdaderamente importante: la velocidad, la estrategia y el talento al volante.
Independientemente del desenlace —ya sea que la polémica se diluya rápidamente o que marque un punto de inflexión en las políticas de inclusión de la categoría—, lo cierto es que Franco Colapinto ha pasado, en cuestión de días, de ser “el nuevo ídolo argentino” a convertirse en una figura polarizante a nivel global. Si logra traducir esa atención en resultados deportivos durante la temporada 2026, podría consolidarse como una estrella indiscutible. Si, por el contrario, el ruido mediático afecta su concentración o la dinámica interna del equipo, el camino hacia el estrellato podría complicarse.
Mientras los garajes de Bahréin se preparan para las primeras pruebas de pretemporada, el mundo del automovilismo observa con atención. No solo por los nuevos monoplazas, los motores más potentes o las batallas en pista, sino porque una vez más, el deporte rey de la velocidad se encuentra en el centro de un debate mucho más grande que él mismo: el choque entre tradición, identidad personal y las demandas de una sociedad global cada vez más diversa y exigente.