🇦🇷🏎️ A pocas semanas del inicio de la pretemporada en Barcelona, Franco Colapinto hizo balance de un año intenso y dejó un retrato honesto del fervor argentino en la Fórmula 1
A pocas semanas del inicio de la pretemporada en Barcelona, Franco Colapinto se permitió algo poco habitual en el mundo de la Fórmula 1: frenar, mirar hacia atrás y hablar sin filtros. Lejos de los comunicados pulidos y las frases hechas, el piloto argentino abrió una ventana íntima a una temporada que lo marcó tanto en lo deportivo como en lo humano. Sus palabras no solo describen el aprendizaje de un joven talento en ascenso, sino que también revelan el peso emocional de competir bajo la lupa permanente y el respaldo incondicional de un país entero.

Colapinto llega a este nuevo capítulo con Alpine tras un año que él mismo define como “muy largo”. No lo dice desde el cansancio físico, sino desde un desgaste mental que solo conocen quienes viven del rendimiento extremo. “Nunca había tenido una temporada en la que me sintiera incapaz de ir rápido”, confesó. En la Fórmula 1, donde la décima de segundo separa a los héroes de los invisibles, esa sensación puede convertirse en una carga asfixiante. Cuando el resultado no llega, la cabeza empieza a correr más rápido que el auto.
Sin embargo, en medio de esa presión apareció un fenómeno que incluso sorprendió al propio paddock: la marea argentina. “A los argentinos nos identifican al toque”, dijo Colapinto con una sonrisa que se intuye detrás de las palabras. Banderas celestes y blancas, camisetas, cánticos y un entusiasmo que desborda tribunas en circuitos europeos y asiáticos. Para muchos pilotos del Viejo Continente, acostumbrados a un apoyo más sobrio, el fenómeno resulta desconcertante.
El propio Max Verstappen, tricampeón del mundo y referencia absoluta de la categoría, se lo hizo notar sin rodeos: “Es increíble, están en todos los circuitos, en todos lados”. Que una figura del calibre del neerlandés remarque ese detalle no es menor. Habla de una presencia constante, casi militante, que acompaña a Colapinto carrera tras carrera, incluso en los momentos en los que los resultados no reflejan el esfuerzo.
Pero ese apoyo, tan poderoso como emotivo, también trae consigo una responsabilidad extra. Representar a un país con tanta pasión deportiva implica convivir con expectativas gigantes. Colapinto lo sabe. Lo siente. Y no lo esquiva. “Cuando ves que el resultado no llega, es muy difícil de manejar”, admitió. En esas palabras se esconde la otra cara del fervor: la autoexigencia, la necesidad de responder, de no fallarles a quienes cruzan océanos para alentarte.
Aun así, el argentino rescata lo más valioso del proceso: el aprendizaje. “Aprendí un montón”, repitió varias veces. En un entorno tan competitivo, cada error es una lección y cada fin de semana, un examen. La temporada no fue la que soñaba en términos de resultados, pero sí una escuela acelerada sobre gestión emocional, adaptación técnica y resiliencia. Aprender a no sentirse rápido, a convivir con la frustración y aun así seguir empujando, es parte del crecimiento que no aparece en las estadísticas.
La pretemporada en Barcelona se presenta ahora como una oportunidad de reset. Nuevo ciclo, nuevas expectativas, y sobre todo, una nueva mentalidad. Colapinto llega con la experiencia de haber tocado un límite personal y haberlo atravesado. Eso, en Fórmula 1, suele marcar la diferencia entre quienes se quedan y quienes evolucionan. El trabajo en el simulador, la preparación física y el análisis técnico serán intensos, pero el foco principal estará en la cabeza.
Dentro del equipo Alpine, valoran esa madurez precoz. No todos los pilotos jóvenes son capaces de verbalizar sus dudas y debilidades en público. Colapinto lo hace sin victimizarse ni buscar excusas. Reconoce el contexto, acepta el golpe y mira hacia adelante. Esa actitud refuerza la confianza interna y alimenta la idea de que el potencial sigue intacto.
Mientras tanto, la hinchada argentina ya se prepara para volver a decir presente. Banderas listas, viajes planeados y una ilusión que no entiende de resultados parciales. Porque, para muchos, Colapinto representa algo más que un piloto: es la continuidad de un sueño largamente postergado, el regreso de la bandera argentina a la elite del automovilismo mundial.
El propio Franco parece entenderlo mejor que nadie. No promete victorias inmediatas ni discursos grandilocuentes. Promete trabajo, aprendizaje y honestidad. En un deporte donde el ruido mediático suele tapar la esencia, su reflexión llega como un recordatorio potente: detrás del casco hay una persona, con miedos, dudas y una determinación silenciosa.
Barcelona marcará el inicio de una nueva etapa. No borrará lo vivido, pero sí lo resignificará. Para Colapinto, el año “muy largo” ya quedó atrás. Lo que viene es la oportunidad de transformar la presión en impulso y el aprendizaje en velocidad. Con un país entero empujando desde las tribunas, el desafío no es menor. Pero si algo dejó claro el argentino es que está listo para enfrentarlo.