Buenos Aires, 15 de enero de 2026 – El mundo del automovilismo y la política argentina se han visto sacudidos por un enfrentamiento inesperado que ha trascendido las pistas de Fórmula 1 y ha llegado a los estudios de televisión.

Andrea Trofimczuk, madre del piloto Franco Colapinto –quien actualmente compite en la máxima categoría con el equipo Alpine–, protagonizó un momento de alta tensión durante una emisión en vivo del programa “Debate Abierto” en el canal TN.Todo comenzó cuando la diputada Myriam Bregman, referente del Frente de Izquierda y conocida por su activismo en derechos humanos y causas sociales, incluidas las de la comunidad LGBT+, criticó duramente al joven piloto de 22 años.
Bregman lo acusó de “hipocresía” por no haber expresado públicamente apoyo a las iniciativas de diversidad sexual, a pesar de que Colapinto ha sido objeto de constantes rumores y especulaciones sobre su orientación sexual en redes sociales desde su debut en la Fórmula 1.“Es lamentable ver a un deportista argentino que representa al país en el mundo y que no usa su plataforma para visibilizar y apoyar a las minorías oprimidas.
Hay silencio cómplice, y eso es hipocresía”, declaró Bregman en el aire, refiriéndose a comentarios pasados de Colapinto que algunos interpretaron como ambiguos o evasivos respecto al tema.La madre del piloto, invitada al mismo programa como figura cercana y defensora habitual de su hijo, no tardó en responder. Visiblemente molesta, Andrea Trofimczuk interrumpió con voz firme y elevada: “¡Basta, cállate! Nadie puede obligar a mi hijo a seguir una agenda política que no le corresponde. Franco es un deportista, no un activista.
Ha trabajado toda su vida para llegar a donde está, y no tiene por qué rendir cuentas de su vida privada ni de sus opiniones personales en temas que no le competen directamente”.El estudio quedó en silencio por unos segundos. Trofimczuk continuó: “Si siguen atacándolo con especulaciones y presiones, tomaremos medidas legales. Nadie tiene derecho a invadir la intimidad de un joven de esta manera. Basta de usar su nombre para ganar likes o votos”.La respuesta de Bregman no se hizo esperar. La diputada, visiblemente enojada, replicó con términos duros: “Señora, su hijo no es una víctima.

Si no quiere hablar, que no lo haga, pero no venga a victimizarse cuando el silencio duele a muchos. Y usted, con esa actitud, solo demuestra intolerancia”.El cruce escaló rápidamente a insultos personales. Bregman calificó a Trofimczuk de “protectora ciega” y acusó a la familia de “homofobia encubierta”. La madre del piloto, por su parte, respondió llamando a Bregman “oportunista” y “provocadora profesional”.El programa terminó en medio del caos, pero el escándalo apenas comenzaba. Apenas minutos después del corte, Franco Colapinto publicó en su cuenta de Instagram una historia con una frase contundente: “Gracias mamá por defenderme siempre.
Mi vida, mis decisiones. Punto. Los que saben, saben. Los que atacan, que sigan hablando solos”. Acompañaba la publicación una foto de él abrazando a su madre tras una carrera, con la bandera argentina de fondo.La publicación se viralizó en cuestión de horas, acumulando millones de visualizaciones y comentarios divididos. Por un lado, miles de fans del automovilismo y seguidores de Colapinto aplaudieron la postura de “no obligar a nadie” y defendieron el derecho a la privacidad. “Franco corre autos, no corre con banderas políticas. Respeto”, fue uno de los comentarios más repetidos.
Muchos destacaron el apoyo incondicional de Trofimczuk, quien desde el debut de su hijo en la F1 ha sido una figura constante en las tribunas y en las redes, siempre con un perfil bajo pero protector.Por otro lado, activistas de la comunidad LGBT+ y simpatizantes de Bregman criticaron duramente al piloto y a su familia. “El silencio no es neutralidad, es privilegio”, escribió un usuario en X. Otros señalaron que Colapinto, al ser una figura pública joven y con gran alcance entre adolescentes, tiene una responsabilidad social implícita.
Algunos recordaron el polémico comentario del piloto en 2024 sobre las pulseras de un periodista (“este patea para el otro lado”), que generó acusaciones de homofobia y que ahora resurgió con fuerza en las redes.La controversia ha dividido a la opinión pública argentina. Medios deportivos como Olé y TyC Sports han dedicado coberturas extensas, mientras que portales políticos como Página/12 y La Nación analizan el choque entre libertad individual y compromiso social. Bregman, por su parte, ha mantenido su postura en declaraciones posteriores: “No me arrepiento de nada.

La lucha por los derechos no se detiene por amenazas legales ni por madres enojadas”.Desde el entorno de Colapinto, se ha filtrado que el piloto y su familia están evaluando acciones legales por difamación y hostigamiento, aunque hasta el momento no se ha presentado ninguna denuncia formal. El equipo Alpine, por su lado, ha emitido un comunicado breve: “Respetamos la privacidad de nuestros pilotos y nos enfocamos en el rendimiento deportivo.
Franco cuenta con todo nuestro apoyo”.Este episodio ha puesto de manifiesto una tensión latente en el deporte moderno: ¿hasta dónde debe llegar la responsabilidad social de un atleta joven? ¿Es legítimo exigir posicionamientos públicos sobre temas sensibles? Para muchos, Andrea Trofimczuk defendió con pasión el derecho de su hijo a ser solo un piloto. Para otros, su intervención fue una muestra de intolerancia ante la diversidad.Lo cierto es que el revuelo no parece cerca de apagarse.
Mientras Franco Colapinto se prepara para los test de pretemporada en Bahréin a fines de enero, el debate sobre privacidad, presión mediática y activismo en el deporte continúa encendido en Argentina y más allá.