El mundo del fútbol europeo está en crisis tras la revelación de lo que podría convertirse en uno de los escándalos arbitrales más explosivos de la década. José María Sánchez, un experimentado árbitro español que suele ser designado para partidos de alto nivel en competiciones europeas, se encuentra hoy en el centro de una tormenta mediática e institucional sin precedentes.

Todo empezó durante el explosivo partido entre Atalanta y Marsella, disputado en Bérgamo en el marco de un partido de la Copa de Europa. En el minuto 72, cuando el marcador aún no estaba decidido, una acción polémica encendió la pólvora: un balón desviado por el brazo de Ederson en el área. Las imágenes son claras e inconfundibles: el contacto del brazo es nítido y visible desde múltiples ángulos. Sin embargo, José María Sánchez, tras un breve intercambio con la cabina del VAR, decidió no sancionar penalti, ignorando por completo las protestas de los jugadores del Marsella.
Esta decisión provocó inmediatamente una oleada de reacciones. En el terreno de juego, los jugadores del Marsella rodearon al árbitro, furiosos. En las gradas, se vio a los dirigentes del club marsellés gesticulando enojados. Pero fue durante la rueda de prensa posterior al partido cuando realmente se produjo el incendio. El técnico Roberto De Zerbi, visiblemente agotado, habló con fría ira:
“La UEFA debe anular inmediatamente este resultado vergonzoso y asumir la responsabilidad al máximo. ¡No podemos permitir que un partido tan escandaloso manche la historia del fútbol! »

Sus comentarios rápidamente recorrieron las redes sociales, apoyados por miles de fanáticos indignados. Hashtags como #JusticePourMarseille o #VARgate comenzaron a circular en X (antes Twitter), alimentando una ola de indignación que traspasó las fronteras francesa e italiana.
Según fuentes cercanas a la UEFA, confirmadas por varios medios deportivos europeos, al día siguiente se abrió una investigación interna. Lo que resulta especialmente inquietante es la propia naturaleza de esta investigación: no se limita a las decisiones de Sánchez, sino que apunta directamente al papel del VAR, sospechoso de haber influido u ocultado determinadas imágenes clave durante el visionado. Una filtración interna incluso indica que un informe confidencial habría mencionado “inconsistencias técnicas” en la transmisión de secuencias al árbitro principal en el momento del visionado.

Ante la gravedad de estos elementos, la UEFA decidió citar de urgencia a José María Sánchez en Nyon, en la sede de la organización, para que se explicara. A la espera de las conclusiones, el árbitro español sería suspendido temporalmente de todas sus funciones internacionales, una medida poco común y simbólicamente fuerte.
Este caso plantea preguntas candentes sobre la transparencia del sistema VAR y la integridad del arbitraje europeo. Desde su introducción, se suponía que la tecnología de vídeo erradicaría errores atroces y fortalecería la justicia deportiva. Sin embargo, muchos observadores creen que hoy en día se utiliza de manera opaca e incluso arbitraria. El ex árbitro francés Stéphane Lannoy declaró en RMC Sport:
“Ya no se trata sólo de un error humano. Se trata de una disfunción institucional. Si se prueban los hechos, todo el sistema tendrá que rendir cuentas”.

De momento, ni la UEFA ni la Federación Española han querido pronunciarse públicamente al respecto. Por parte del Marsella, el club tendría intención de presentar una protesta oficial exigiendo una revisión del resultado final. Algunos medios italianos incluso mencionan la posibilidad de repetir el partido, una opción casi inédita a este nivel de competición.
En cualquier caso, el asunto Sánchez-Atalanta-Marsella va ya más allá del simple marco deportivo. Cuestiona la confianza que los aficionados y los clubes todavía pueden depositar en las autoridades del fútbol europeo. Si se confirman las acusaciones, este escándalo bien podría marcar un punto de inflexión histórico para el arbitraje y la gobernanza del fútbol en Europa.