😏🏎️ BWT Alpine Formula One Team — Al final, lo impensable ocurrió: por primera vez, Franco Colapinto y el Alpine A526 completaron 125 vueltas en Barcelona sin que… se rompiera nada
En un deporte donde cada tornillo cuenta y cada sensor puede convertirse en una pesadilla, Alpine vivió un momento que rozó lo milagroso. No hubo humo saliendo del garaje, no hubo ingenieros corriendo con caras largas, no hubo mensajes desesperados por radio. En su lugar, hubo algo casi desconocido para la escudería en tiempos recientes: un día entero sin problemas.

Sí, ocurrió de verdad. En el Día 3 del shakedown en Barcelona, el Alpine A526, pilotado por Franco Colapinto, completó 125 vueltas consecutivas sin fallos mecánicos, sin interrupciones forzadas y sin ese silencio incómodo que suele anunciar lo peor. Un logro que, en cualquier otro equipo, sería una nota técnica más. En Alpine, fue poco menos que una celebración contenida.
Un “hito” con sabor a ironía
La ironía no pasó desapercibida para nadie. En el paddock, más de uno levantó una ceja al escuchar la noticia. “¿125 vueltas seguidas? ¿Sin banderas rojas internas?”, bromeaban algunos rivales. Pero detrás de las risas había una realidad clara: Alpine necesitaba urgentemente una jornada así.
Durante las últimas temporadas, la fiabilidad había sido un tema recurrente, casi un fantasma que aparecía en los peores momentos. Por eso, completar un programa completo de pruebas sin sobresaltos se sintió como romper una maldición no escrita.
Franco Colapinto, el protagonista inesperado
En el centro de esta pequeña gran historia estuvo Franco Colapinto. El joven piloto argentino no solo cumplió con el plan de rodaje, sino que lo hizo con una madurez que sorprendió incluso dentro del equipo. Sin gestos de frustración, sin mensajes tensos por radio, Colapinto se limitó a hacer lo que mejor sabe: pilotar, dar feedback claro y mantener el coche vivo.
Fuentes internas reconocen que su enfoque calmado ayudó a que la jornada fluyera. “No vino a demostrar nada con vueltas heroicas”, comentó un ingeniero. “Vino a trabajar, y eso, hoy, valía oro”.
El silencio que lo dijo todo

Quizás el momento más revelador del día no fue una vuelta rápida ni un dato técnico, sino el silencio. Ese silencio raro en el que nadie grita por radio, nadie pide apagar el coche de inmediato y nadie mira nervioso los monitores de temperatura.
En Alpine, ese silencio fue casi sospechoso. Algunos miembros del equipo, entre risas, llegaron a preguntarse si los sistemas de telemetría estaban realmente funcionando. “¿Todo bien? ¿Seguro?”, fue una frase que se escuchó más de una vez en el garaje.
125 vueltas que valen más de lo que dicen los números
Desde fuera, 125 vueltas pueden parecer solo un dato. Pero en contexto, significan algo más profundo: confianza. Confianza en el proyecto, en los procesos y, sobre todo, en que el A526 puede ser una base sólida sobre la cual construir.
No fue el coche más rápido. No buscó titulares por rendimiento puro. Pero hizo algo que, para Alpine, era igual de importante: terminó el día entero funcionando como debía.
Un ambiente distinto en el garaje
Al caer la tarde en Barcelona, el ambiente en el box era diferente. No eufórico, pero sí aliviado. Sonrisas discretas, palmadas en la espalda y esa sensación colectiva de haber superado una prueba interna.
“Es solo un shakedown”, repetían desde el equipo, casi como un mantra para no tentar a la suerte. Pero nadie podía ocultar que, para Alpine, este día tuvo un valor simbólico enorme.
¿Un punto de inflexión o solo una tregua?
La gran pregunta es inevitable: ¿marca esto un verdadero punto de inflexión o fue simplemente un día afortunado? En la Fórmula 1, la historia enseña a ser prudentes. Un día perfecto no garantiza una temporada tranquila.
Sin embargo, lo que ocurrió en Barcelona sí cambia el tono del discurso. Por primera vez en mucho tiempo, Alpine puede hablar de progreso sin añadir inmediatamente una lista de problemas técnicos.
Colapinto y el mensaje silencioso

Para Franco Colapinto, este día también dejó un mensaje claro. Sin grandes declaraciones ni gestos exagerados, demostró que puede ser parte de la solución. Su capacidad para integrarse, trabajar con el equipo y aportar estabilidad fue tan valiosa como cualquier tiempo por vuelta.
“No hizo ruido, y eso fue lo mejor”, resumió alguien del paddock. En un equipo que necesitaba calma más que espectáculo, Colapinto encajó a la perfección.
Un pequeño paso, pero necesario
Nadie en Alpine se atreve a hablar de resurrección ni de milagros. Pero sí de un pequeño paso en la dirección correcta. En un campeonato donde cada detalle importa, lograr que “no pase nada” puede ser, paradójicamente, una de las mayores victorias.
Al final del día, el Alpine A526 volvió al garaje entero. Y aunque suene casi absurdo destacarlo, en ese detalle está la esencia de la jornada.
Porque en Barcelona, por una vez, lo impensable ocurrió: Alpine terminó un día de pruebas completo…y el coche simplemente funcionó.