La controversia estalló de forma abrupta y se propagó con una velocidad vertiginosa en redes sociales, colocando nuevamente a Checo Pérez en el centro de una tormenta mediática que va mucho más allá del automovilismo. Esta vez, el foco no estuvo en la pista ni en un resultado deportivo, sino en un enfrentamiento verbal cargado de tensión política, ideológica y familiar que involucró directamente a su padre, Antonio Pérez Garibay, y a la gobernadora de Guerrero, Evelyn Salgado Pineda.

Todo comenzó durante una transmisión en vivo que rápidamente se volvió viral. En ese espacio público, Evelyn Salgado lanzó calificativos particularmente duros contra el piloto mexicano, refiriéndose a Checo Pérez como un “patético traidor” y un “hipócrita vergonzoso”, palabras que, según múltiples usuarios que presenciaron la transmisión, surgieron a raíz de la negativa del piloto a respaldar públicamente el movimiento LGBT+. La reacción no se hizo esperar y, en cuestión de minutos, el video comenzó a circular de forma masiva, generando indignación, apoyos cruzados y una ola de comentarios que dividieron a la opinión pública.
Antonio Pérez Garibay, conocido tanto por su cercanía con su hijo como por su trayectoria política y empresarial, decidió intervenir de manera directa. Su respuesta fue breve, contundente y sin rodeos. “¡Cállate!”, escribió en un mensaje que se difundió casi con la misma rapidez que el video original. En ese mismo comunicado, el padre del piloto fue más allá y lanzó una advertencia clara a la gobernadora. “No tienes derecho a manipular ni presionar a mi hijo.

Si sigues por este camino, enfrentarás la justicia”, expresó, dejando entrever que las declaraciones de Salgado cruzaban una línea que no estaba dispuesto a tolerar.
El tono del mensaje de Antonio Pérez Garibay encendió aún más el ambiente. Lejos de calmarse, la situación escaló cuando, menos de cinco minutos después, Evelyn Salgado respondió con evidente enojo. Sus palabras, igualmente duras, apuntaron directamente tanto al padre como al hijo. “Un viejo estúpido y patético, igual que su hijo”, escribió, una frase que multiplicó la polémica y colocó el enfrentamiento en un punto de no retorno.

Las redes sociales se convirtieron entonces en un campo de batalla digital. Figuras públicas, periodistas, aficionados de la Fórmula 1 y ciudadanos sin filiación política visible comenzaron a tomar partido. Mientras algunos defendían la postura de Checo Pérez de no involucrarse públicamente en movimientos políticos o sociales, otros cuestionaban su silencio y lo interpretaban como una falta de compromiso. En medio de ese ruido ensordecedor, el nombre del piloto mexicano se mantuvo como tendencia durante horas, acompañado de mensajes de apoyo, críticas severas y llamados a la moderación.
Ante los ataques dirigidos a su padre, Checo Pérez decidió romper el silencio. Su intervención marcó un punto clave en la narrativa del conflicto. En un comunicado que muchos describieron como firme y emocional, el piloto salió en defensa de Antonio Pérez Garibay y dejó clara su postura. “Mi padre merece respeto. Nadie tiene derecho a insultar a mi familia ni a utilizar mi nombre para agendas que no me representan”, afirmó Checo, según el texto difundido en sus plataformas oficiales.

La declaración, medida pero contundente, fue interpretada por muchos como una señal de madurez y lealtad familiar, aunque también reavivó el debate sobre el rol de las figuras públicas en temas sociales sensibles.
El impacto de sus palabras fue inmediato. Para algunos sectores, Checo Pérez se convirtió en un símbolo de resistencia frente a lo que consideran presiones indebidas desde la política. Para otros, su postura reafirmó una distancia que esperaban ver reducida en una figura con tanta proyección internacional. Lo cierto es que su mensaje logró lo que pocos comunicados consiguen en la era digital: dejó a muchos sin palabras y obligó a replantear el foco de la discusión.
Analistas políticos señalaron que el intercambio entre Antonio Pérez Garibay y Evelyn Salgado Pineda refleja una tensión más amplia entre el mundo del espectáculo, el deporte y la política, donde las fronteras son cada vez más difusas. La utilización de figuras deportivas para respaldar causas o movimientos se ha vuelto una práctica frecuente, pero no siempre bien recibida. En este contexto, la negativa de Checo Pérez a pronunciarse públicamente fue interpretada por su entorno como una decisión personal, mientras que sus detractores la leyeron como una postura ideológica.
Desde el entorno del piloto, personas cercanas insistieron en que Checo siempre ha mostrado respeto por todas las personas, independientemente de su orientación o identidad, y que su decisión de no apoyar públicamente determinados movimientos responde a una convicción de mantener su carrera deportiva al margen de disputas políticas. Esa línea, sin embargo, se volvió casi invisible en medio del ruido mediático generado por los insultos y las respuestas cruzadas.
El episodio también abrió un debate sobre los límites del discurso público, especialmente cuando involucra a familiares de figuras reconocidas. Muchos usuarios cuestionaron el tono utilizado por Evelyn Salgado y advirtieron sobre la normalización de los ataques personales en espacios oficiales o semioficiales. Otros, en cambio, centraron sus críticas en Antonio Pérez Garibay, señalando que su advertencia legal fue innecesaria y contribuyó a escalar el conflicto.
A medida que pasan los días, la polémica sigue generando reacciones y análisis. Aunque ninguno de los protagonistas ha dado señales de buscar una reconciliación pública, el impacto del enfrentamiento ya dejó huella. La imagen de Checo Pérez, cuidadosamente construida a lo largo de años de éxitos deportivos, quedó temporalmente envuelta en una discusión que nada tiene que ver con podios ni circuitos, pero que revela la complejidad de ser una figura global en tiempos de polarización.
Este episodio demuestra cómo una transmisión en vivo, unas palabras pronunciadas sin filtro y una respuesta impulsiva pueden desencadenar una crisis mediática de grandes proporciones. En el centro de todo, Checo Pérez optó por una defensa clara de su familia, una decisión que, para bien o para mal, reforzó su perfil humano frente a millones de seguidores. La historia continúa desarrollándose, y su desenlace aún promete nuevas reacciones en un escenario donde cada palabra cuenta y cada silencio se interpreta.