El mundo del tenis contuvo la respiración cuando una acción inesperada de Novak Djokovic estuvo a punto de convertirse en uno de los momentos más controvertidos de la temporada. Durante un partido de alta tensión, el serbio golpeó una pelota con frustración y esta pasó rozando la cabeza de una recogepelotas, provocando un silencio inmediato en el estadio y una reacción de alarma tanto del público como de los oficiales.
En cuestión de segundos, las miradas se dirigieron hacia el árbitro y los jueces de línea. Muchos recordaron episodios pasados que terminaron en sanciones severas y descalificaciones. Las repeticiones en pantalla gigante mostraron lo cerca que estuvo la pelota del rostro de la niña, y la preocupación por su seguridad se convirtió en el centro absoluto de la escena.
Algunos analistas señalaron que la acción de Djokovic podía considerarse una violación grave del código de conducta. No solo por el gesto en sí, sino por el riesgo que implicó para una menor que cumplía su labor en la pista. En redes sociales, el debate estalló de inmediato, con opiniones divididas entre quienes pedían una sanción ejemplar y quienes pedían contexto.

Djokovic reaccionó al instante. Apenas se dio cuenta de lo ocurrido, se acercó a la recogepelotas visiblemente afectado, preguntó si estaba bien y pidió disculpas delante de todos. Según testigos en la cancha, su rostro reflejaba más miedo que enfado. “Lo primero que pensé fue que podía haberle hecho daño”, confesó más tarde alguien de su equipo.
Tras una breve deliberación, los oficiales decidieron no aplicar una sanción disciplinaria mayor, considerando que no hubo intención directa y que el impacto no se produjo. Aun así, el ambiente quedó cargado de tensión. Djokovic continuó el partido, pero su lenguaje corporal dejó claro que ya no estaba concentrado solo en el marcador.
Horas después, cuando muchos esperaban un comunicado frío y protocolar, Djokovic sorprendió a todos. Publicó un video grabado sin cortes desde el vestuario, sentado en un banco, aún con la camiseta del partido. Sus ojos estaban enrojecidos y su voz, claramente temblorosa, rompió el silencio de una forma que pocos esperaban.
“Nunca debería haber pasado, y lo siento desde lo más profundo”, dijo mirando directamente a la cámara. Explicó que el nivel de presión y cansancio mental no justifica en absoluto una acción que pueda poner en peligro a otra persona. “Soy responsable de cada gesto que hago en la pista”, afirmó con firmeza.
Lo que más conmovió al público fue cuando habló de la recogepelotas. Djokovic reveló que pasó varios minutos con ella y con su familia tras el partido. “Le prometí algo”, confesó, haciendo una pausa para recomponerse. “Le prometí que nunca olvidaría este momento y que lo usaría para ser un mejor ejemplo”.

Según relató, esa promesa no se quedó en palabras. Djokovic aseguró que invitó a la niña y a su familia a uno de sus entrenamientos privados y que financiaría programas de formación para jóvenes recogepelotas en el torneo. “Ellos también son parte de nuestro deporte y merecen el máximo respeto”, añadió.
Personas presentes en el vestuario confirmaron que el encuentro fue profundamente emotivo. La niña, aunque asustada al principio, aceptó las disculpas y terminó sonriendo. “No estaba enfadada, solo sorprendida”, habría dicho, según una fuente cercana a la organización. Ese detalle cambió por completo la percepción del incidente.
Las reacciones del mundo del tenis no tardaron en llegar. Exjugadores, entrenadores y periodistas destacaron la forma en que Djokovic afrontó la situación. “No se trata de no cometer errores, sino de cómo respondes cuando ocurren”, comentó un ex campeón de Grand Slam en televisión.
Incluso voces críticas reconocieron que el gesto humano del serbio marcó la diferencia. Para muchos, el video fue más poderoso que cualquier comunicado oficial. Mostró a un Djokovic vulnerable, consciente de su influencia y decidido a asumir las consecuencias morales de sus actos, más allá de lo que dictara el reglamento.

Desde el entorno del jugador se reveló un detalle poco conocido: Djokovic había pedido que el video se publicara completo, sin edición, precisamente para evitar malentendidos. “Quería que se viera todo, incluso los silencios”, explicó un miembro de su equipo. Esa transparencia fue clave para calmar la polémica.
El torneo, por su parte, emitió un breve comunicado confirmando que la recogepelotas se encontraba en perfecto estado y agradeciendo la actitud del jugador tras el incidente. Lejos de cerrar el tema, el mensaje reforzó la idea de que la seguridad y el respeto son prioridades absolutas.
Para Djokovic, este episodio dejó una marca profunda. “Ganar o perder ya no importa cuando te das cuenta de lo frágil que puede ser un instante”, dijo al final del video. Sus palabras resonaron en toda la comunidad del tenis, recordando que incluso las leyendas son humanas.
Al final, lo que pudo convertirse en un escándalo terminó siendo una lección de responsabilidad y empatía. El tenis siguió adelante, pero este momento quedará en la memoria colectiva como un recordatorio de que el verdadero carácter de un campeón se revela en los momentos más difíciles.