La sesión del Congreso de los Diputados, que se preveía rutinaria, se convirtió en un escenario de alta tensión cuando Santiago Abascal lanzó un ataque frontal contra la política climática del Gobierno, calificando el Net Zero y el Pacto Verde Europeo como una estafa económica.

El líder de Vox tomó la palabra con un tono incendiario, acusando al Ejecutivo de Pedro Sánchez de imponer una agenda ideológica que, según afirmó, está provocando un daño estructural a la economía productiva española.
Abascal sostuvo que la neutralidad climática se ha transformado en un dogma político, utilizado para justificar regulaciones asfixiantes que afectan directamente a agricultores, ganaderos, pescadores y sectores industriales clave del país.
Durante su intervención, denunció que estas políticas criminalizan actividades tradicionales y esenciales, presentándolas como enemigas del medio ambiente, sin ofrecer alternativas realistas ni compensaciones suficientes para quienes sostienen la economía real.
El discurso puso el foco en el impacto directo sobre el mundo rural, donde, según Abascal, las nuevas normativas ambientales incrementan costes, reducen competitividad y empujan al cierre de explotaciones familiares históricas.
También arremetió contra el encarecimiento de la energía, afirmando que la obsesión por cumplir objetivos climáticos impuestos desde Bruselas ha disparado los precios de la electricidad y debilitado la soberanía energética nacional.
Abascal acusó al Gobierno de sacrificar la industria española en favor de un ecologismo radical que no tiene en cuenta la competencia global ni las ventajas estratégicas de España en sectores energéticos tradicionales.
En su discurso, señaló que mientras España endurece normas y limita su producción, otras potencias continúan contaminando sin restricciones similares, lo que, a su juicio, convierte al Pacto Verde en un suicidio económico.
El líder de Vox insistió en que el problema no es la protección del medio ambiente, sino la forma ideológica y dogmática en la que se están aplicando las políticas climáticas actuales.
Según Abascal, el Gobierno utiliza un lenguaje moralizante para silenciar el debate, etiquetando cualquier crítica como negacionismo, cuando, en realidad, se trata de defender empleo, competitividad y bienestar social.

Las palabras del dirigente provocaron reacciones inmediatas en el hemiciclo, con gestos de desaprobación desde la bancada socialista y aplausos de sus propios diputados y aliados ideológicos.
El choque no tardó en viralizarse, con fragmentos del discurso circulando ampliamente en redes sociales, donde miles de usuarios debatieron sobre el impacto real del Net Zero en sus vidas cotidianas.
Abascal afirmó que los españoles están pagando el precio de decisiones tomadas por una élite política desconectada de la realidad, más preocupada por cumplir agendas globales que por proteger a sus ciudadanos.
Criticó además lo que denominó “postureo verde”, asegurando que muchas de las medidas adoptadas tienen más valor simbólico que eficacia ambiental comprobable.
El discurso incluyó una dura crítica a la burocracia asociada al Pacto Verde, que, según Vox, frena inversiones, retrasa proyectos y desincentiva la innovación en sectores estratégicos.
Abascal defendió un modelo alternativo basado en el equilibrio entre protección ambiental, crecimiento económico y soberanía nacional, rechazando imposiciones externas que no consideran las particularidades de España.

Desde el Gobierno, se respondió que la transición ecológica es una oportunidad histórica para modernizar la economía, crear empleo verde y cumplir compromisos internacionales en la lucha contra el cambio climático.
Sin embargo, la oposición sostiene que esos beneficios prometidos no se están materializando con la rapidez ni la equidad anunciadas, especialmente en regiones rurales y sectores productivos tradicionales.
El debate reflejó una profunda división ideológica sobre el futuro energético y económico del país, con visiones enfrentadas sobre el coste real de la transición climática.
Analistas señalan que el Net Zero se ha convertido en un campo de batalla político, donde se cruzan preocupaciones legítimas sobre el medio ambiente con temores económicos y sociales crecientes.
La intervención de Abascal conectó con parte del electorado que percibe las políticas verdes como una amenaza directa a su modo de vida y estabilidad económica.
Otros sectores, sin embargo, consideran que el discurso simplifica un problema complejo y que frenar la transición climática tendría consecuencias ambientales y económicas a largo plazo.

El enfrentamiento parlamentario evidenció la dificultad de encontrar consensos amplios en materia climática, en un contexto de inflación, incertidumbre económica y tensiones geopolíticas.
Mientras tanto, el Gobierno insiste en que no hay marcha atrás en los objetivos de neutralidad climática, defendiendo que el coste de no actuar sería aún mayor.
La oposición promete seguir utilizando el Congreso como altavoz para denunciar lo que considera una deriva ideológica que perjudica a la economía nacional.
Este episodio confirma que la política climática será uno de los ejes centrales del debate político en los próximos años, marcando líneas divisorias cada vez más claras.
Más allá del cruce de acusaciones, el desafío para España será conciliar sostenibilidad ambiental con cohesión social y prosperidad económica en un escenario global cada vez más competitivo.
El discurso de Abascal ha dejado claro que el consenso verde está lejos de ser unánime y que el modelo de transición ecológica seguirá siendo objeto de intenso escrutinio público.