Las crecientes repercusiones de las vehementes declaraciones de John Leguizamo sobre “Si sigues a ICE, deja de seguirme” han dado un giro dramático, con 20th Century Fox, filial de Disney, rescindiendo oficialmente su innovador contrato de tres películas por 500 millones de dólares con el actor y productor. La decisión, confirmada por fuentes cercanas al estudio el jueves por la noche, ha conmocionado a Hollywood y ha planteado interrogantes sobre la libertad artística, la responsabilidad corporativa y la cada vez más difusa línea entre la fama y el activismo político.

El acuerdo de 500 millones de dólares, firmado hace menos de dos años, fue aclamado como un hito para la representación latina en Hollywood. Estaba previsto que le permitiera a Leguizamo desarrollar, producir y protagonizar una serie de proyectos dirigidos a públicos diversos, una iniciativa ampliamente elogiada por abordar problemas de larga data de subrepresentación. Ahora, el acuerdo soñado está hecho trizas, víctima de un video en redes sociales que ha desatado un intenso debate en todo el país.
“No fue una decisión fácil, pero era necesaria”, declaró un alto ejecutivo de Fox, quien habló bajo condición de anonimato debido a la delicadeza del asunto. “Nuestros contratos incluyen cláusulas de conducta y alineamiento con la marca. Si bien defendemos la libertad de expresión, los comentarios que alienan a una parte significativa de nuestra audiencia y partes interesadas, especialmente en un tema tan divisivo, nos colocan en una posición insostenible. Puede buscar trabajo en otro sitio”.
La contundente evaluación del ejecutivo subraya la inmensa presión que enfrentan los estudios al navegar por el panorama políticamente complejo de los medios modernos. El video original de Instagram de Leguizamo, publicado a principios de esta semana, fue una respuesta directa a las recientes y controvertidas operaciones del ICE en Minneapolis. En él, el actor declaró con vehemencia: “Si siguen al ICE, dejen de seguirme. No vengan a mis programas ni vean mis películas”.
La declaración se viralizó de inmediato, recibiendo tanto elogios entusiastas de activistas de inmigración como una feroz condena de expertos conservadores y figuras públicas, incluyendo al actor Dean Cain, con quien Leguizamo mantiene una disputa pública.
Para Leguizamo, un firme defensor de los derechos de los latinos y la justicia social, estos comentarios fueron una continuación de sus antiguas convicciones. Ha utilizado constantemente su plataforma para denunciar problemas de desigualdad y defender a las comunidades marginadas. Sin embargo, para un estudio importante como Fox, con amplios intereses comerciales y una audiencia diversa que abarca todo el espectro político, una postura tan tajante resultó ser demasiado.
La rescisión de un contrato de esta magnitud es prácticamente inédita en la historia reciente de Hollywood por razones directamente relacionadas con las opiniones políticas de un actor. Si bien las estrellas han enfrentado críticas e incluso reveses profesionales por diversas controversias, la cancelación preventiva de un compromiso de varias películas y 500 millones de dólares marca una nueva frontera en la tensión constante entre la expresión creativa y los resultados corporativos.
“Esto sienta un precedente peligroso”, argumenta la veterana abogada del entretenimiento Elena Rodríguez. “¿Estamos ahora en una situación en la que los estudios exigirán pureza ideológica a su talento? ¿Qué significa esto para los artistas que usan su voz para desafiar el statu quo? Podría silenciar conversaciones importantes y empujar a los artistas a la autocensura”.
Por el contrario, muchos aplauden la decisión de Fox, argumentando que los comentarios de Leguizamo traspasaron la línea que separa la opinión política de la alienación absoluta de los potenciales espectadores. “Cuando aceptas 500 millones de dólares de una corporación, tienes la responsabilidad de no insultar ni aislar activamente a grandes segmentos de la población”, comentó Ben Shapiro, figura mediática conservadora, en su popular podcast. “Tiene todo el derecho a opinar, pero no tiene derecho al dinero de un estudio mientras aliena a sus clientes”.
La controversia también ha reavivado el debate sobre el papel de las celebridades en el discurso político. Mientras algunos creen que las figuras públicas tienen la obligación moral de pronunciarse sobre temas importantes, otros sostienen que su influencia debería limitarse al ámbito del entretenimiento.
Leguizamo, conocido por su prolífica carrera en cine, televisión y Broadway, aún no ha comentado públicamente sobre la rescisión del contrato. Sus representantes también han guardado silencio, probablemente planeando su próximo paso en lo que promete ser una prolongada batalla de relaciones públicas.

El impacto inmediato en la carrera de Leguizamo está por verse. Si bien la pérdida del contrato con Fox es un golpe significativo, su sólida base de fans y su historial de actuaciones aclamadas por la crítica sugieren que probablemente seguirá encontrando trabajo. Sin embargo, el incidente podría hacer que otros grandes estudios sean más cautelosos a la hora de firmar contratos a gran escala y a largo plazo con talentos conocidos por sus abiertas opiniones políticas.
Más allá del propio Leguizamo, la industria está lidiando con las implicaciones más amplias. ¿Esto conducirá a cláusulas de moralidad más estrictas en los contratos de los talentos? ¿Aconsejarán los agentes a sus clientes moderar sus comentarios políticos? ¿O impulsará a los artistas a oponerse aún más a la censura corporativa percibida?
La controversia sobre el casting de Deep Cuts, en la que Leguizamo fue uno de los principales firmantes de una carta abierta exigiendo una mayor representación latina y la posterior salida de la actriz Odessa A’zion, ya había puesto de relieve su compromiso con la justicia social dentro de la industria. Sin embargo, este último acontecimiento eleva el debate a un plano político nacional, entrelazando su activismo personal con su vida profesional de una forma sin precedentes.
A medida que se asienta el polvo tras este evento sísmico, una cosa está clara: las fronteras entre el arte, el comercio y la política en Hollywood nunca han sido tan difusas, y el coste de expresarse libremente acaba de aumentar en 500 millones de dólares. La industria observa con expectación quién será el próximo en afrontar las consecuencias de sus convicciones y cuál será el impacto a largo plazo en el panorama del entretenimiento.