El Abierto de Australia 2026 vivió uno de sus momentos más silenciosos y conmovedores cuando Gaël Monfils apareció inesperadamente ante los medios. No hubo sonrisas ni bromas habituales. Solo un hombre visiblemente afectado, con los ojos húmedos y la voz rota. El veterano francés pidió unos segundos antes de hablar y, cuando lo hizo, dejó claro que no estaba allí como jugador, sino como ser humano.
“Permítanme inclinar la cabeza ante Coco. Nos equivocamos”, dijo Monfils, mirando directamente al suelo. Sus palabras resonaron en una sala que quedó completamente inmóvil. La referencia era clara: las recientes acciones atribuidas a Elina Svitolina, su esposa, que habían sido interpretadas por muchos como un gesto de desprecio hacia Coco Gauff tras un tenso partido en Melbourne.
Según personas cercanas al entorno del torneo, Monfils insistió en dar esa conferencia pese a que su equipo de comunicación le sugirió esperar. “Gaël no quiso proteger su imagen”, reveló un insider. “Dijo que había cosas más importantes que un titular amable. Sentía que Coco merecía una disculpa pública, no un comunicado frío.”
El francés fue más allá, asumiendo responsabilidad incluso por acciones que no fueron directamente suyas. “No puedo quedarme callado cuando la persona que amo hiere a una chica joven”, declaró, interrumpiéndose a mitad de frase al quebrarse su voz. “Especialmente cuando sabemos perfectamente lo que se siente ser juzgados y lastimados en este deporte.”
Detrás de cámaras, la tensión llevaba días acumulándose.
Una fuente del vestuario femenino reveló que Coco Gauff se había mostrado profundamente afectada por el episodio. “No fue solo el gesto en la pista”, explicó. “Hubo comentarios fuera de cámara, miradas, silencios incómodos. Coco intentó mantenerse profesional, pero le dolió. Es joven, pero muy consciente del peso que tienen esas cosas.”

El “secreto” que pocos conocían salió a la luz horas después.
Según un miembro del equipo de Svitolina, la ucraniana atraviesa un momento emocional complicado desde hace meses, luchando con la presión competitiva y problemas personales. “Eso no justifica nada”, aclaró la fuente, “pero explica por qué reaccionó mal. Elina se dio cuenta tarde de que había cruzado una línea.”
Monfils, al enterarse del impacto real en Coco, habría tenido una conversación privada muy dura con su esposa. Un amigo cercano al francés contó: “Gaël le dijo: ‘No podemos convertirnos en lo que odiamos del circuito’. Fue una charla intensa. Él estaba realmente decepcionado.”
Mientras tanto, Coco Gauff se mantenía en silencio públicamente.
Pero solo unos minutos después de la comparecencia de Monfils, la joven estadounidense publicó una breve story en Instagram. Apenas nueve palabras, sobre fondo negro:

“Grace over anger. Always choose kindness. Thank you.”
El mensaje fue suficiente para dejar sin aliento a toda la comunidad del tenis.
Analistas, exjugadores y fanáticos interpretaron esas palabras como una respuesta directa al gesto de Monfils. Un comentarista europeo lo resumió así: “Coco respondió con clase. No atacó, no señaló. Mostró una madurez que muchos veteranos aún no tienen.”
Dentro del círculo de Gauff, aseguran que la story fue escrita tras una conversación privada con su madre. “Coco estaba dolida, pero no quería alimentar el drama”, explicó alguien cercano. “Su mamá le dijo que el perdón también es una forma de fuerza.”
Otro detalle revelador surgió esa misma noche.
Una persona del staff del torneo confirmó que Monfils intentó contactar directamente a Coco antes de hablar con la prensa, pero no pudo hacerlo de inmediato. “No quería que ella se enterara por Twitter”, dijo la fuente. “Su intención era pedir perdón cara a cara.”
Finalmente, ambos equipos lograron organizar un breve encuentro en una zona privada del complejo.
Allí, según testigos, Monfils volvió a disculparse personalmente. “Coco, lo siento de verdad. Fallamos como adultos”, habría dicho el francés. Coco respondió con un abrazo corto y unas palabras simples: “Gracias por decirlo. Sigamos adelante.”
Ese momento, lejos de las cámaras, fue quizás el más importante de todos.
Svitolina, por su parte, también habría enviado un mensaje privado a Gauff, reconociendo su error. Aunque no se hizo público, una fuente cercana a la ucraniana afirmó: “Elina escribió que estaba avergonzada y que nunca quiso hacerla sentir menos. Está considerando emitir una disculpa formal.”
Para muchos dentro del circuito, este episodio expuso algo más profundo: la fragilidad emocional del tenis profesional.
Un ex campeón explicó: “Vivimos en una burbuja de presión constante. A veces se nos olvida que enfrente hay personas, no rankings. Lo que hizo Gaël hoy fue raro, pero necesario.”

También hubo reacciones desde otros jugadores. Algunos enviaron mensajes de apoyo a Coco; otros elogiaron el coraje de Monfils. Un entrenador veterano comentó: “No es común ver a alguien asumir culpa pública por amor y por valores. Eso merece respeto.”
El impacto del momento se sintió incluso entre los aficionados.
Las redes sociales se llenaron de mensajes pidiendo empatía y recordando que el tenis necesita más humanidad. Muchos destacaron la respuesta de Coco como un ejemplo para futuras generaciones.
Pero quizá la revelación más fuerte vino de alguien muy cercano a Monfils, que habló bajo anonimato: “Gaël dijo después que este puede ser el partido más importante de su carrera — no uno que ganó, sino uno donde eligió hacer lo correcto.”
Hoy, mientras el torneo continúa, el episodio sigue resonando.
No fue solo una disculpa. Fue un recordatorio de que, incluso en la élite del deporte, la vulnerabilidad tiene espacio. Coco Gauff mostró gracia. Gaël Monfils mostró responsabilidad. Y el tenis, por un instante, se detuvo para escuchar.
Como resumió un empleado del torneo al apagar las luces de la sala de prensa:
“Hoy no vimos campeones. Vimos personas.”