🚨😡 «¡Gritó a propósito muy fuerte para romper mi ritmo!» – Cuando parecía que Elina Svitolina iba a agradecer el gesto de Aryna Sabalenka tras el partido, ocurrió todo lo contrario: la tenista ucraniana acusó oficialmente a su rival de utilizar una “táctica antideportiva” mediante una acción de hindrance, provocando una fuerte división entre los aficionados. Cinco minutos después, Sabalenka respondió con calma usando 7 palabras llenas de ironía dirigidas directamente a Svitolina, obligando a los organizadores del Abierto de Australia a convocar una reunión de emergencia para investigar la acción de hindrance, y la decisión final fue…👇👇
El Abierto de Australia se vio sacudido por una polémica que rápidamente trascendió lo deportivo para convertirse en uno de los temas más debatidos del torneo. El enfrentamiento entre Elina Svitolina y Aryna Sabalenka, que sobre el papel prometía tenis de alto nivel, terminó envuelto en una tormenta mediática tras las declaraciones de la jugadora ucraniana al finalizar el partido. Lejos de un gesto de cortesía o reconocimiento, Svitolina sorprendió al acusar públicamente a su rival de haber gritado de manera intencionada para interrumpir su concentración en un punto clave.

Según Svitolina, el grito de Sabalenka no fue un simple desahogo emocional, sino una maniobra calculada para romper su ritmo en un momento decisivo. La palabra “hindrance” apareció de inmediato en boca de periodistas, comentaristas y aficionados, reabriendo un viejo debate sobre los límites entre la intensidad competitiva y el juego limpio. En el tenis moderno, donde cada punto puede marcar la diferencia, este tipo de situaciones se analizan con lupa.
Las imágenes del partido comenzaron a circular en redes sociales a los pocos minutos. Algunos aficionados apoyaron a Svitolina, asegurando que el grito fue excesivo y fuera de tiempo. Otros, en cambio, defendieron a Sabalenka, argumentando que su estilo de juego siempre ha sido intenso y expresivo, y que no hubo intención de interferir deliberadamente con la rival. La división fue inmediata y profunda, con opiniones enfrentadas incluso entre exjugadores y analistas reconocidos.
La tensión aumentó aún más cuando, apenas cinco minutos después de las declaraciones de Svitolina, Aryna Sabalenka fue consultada por la polémica. Lejos de mostrarse alterada, la número uno mundial respondió con una calma desconcertante. Su réplica, compuesta por solo siete palabras cargadas de ironía, fue interpretada como una burla directa hacia las acusaciones. Aunque breve, esa frase se volvió viral en cuestión de segundos, alimentando todavía más el fuego de la controversia.
La respuesta de Sabalenka fue vista por algunos como una demostración de seguridad y fortaleza mental, mientras que otros la consideraron provocadora e innecesaria en un contexto ya tenso. Lo cierto es que ese intercambio verbal elevó el asunto a un nivel que los organizadores del torneo no podían ignorar. Ante la presión mediática y la creciente indignación de parte del público, la dirección del Abierto de Australia decidió actuar con rapidez.

Horas después del partido, se confirmó que los organizadores habían convocado una reunión de emergencia para analizar el incidente. El objetivo era revisar las imágenes, escuchar los informes de los árbitros y evaluar si el grito de Sabalenka podía considerarse oficialmente una acción de hindrance según el reglamento. Este movimiento fue interpretado como una señal de la seriedad con la que el torneo estaba tratando el caso, consciente del impacto que una decisión u otra tendría en la credibilidad del evento.
Durante la investigación, se recordó que el hindrance en el tenis no siempre es fácil de definir. El reglamento establece que cualquier acción deliberada destinada a distraer al oponente puede ser sancionada, pero también reconoce que los sonidos espontáneos, especialmente durante golpes potentes, forman parte natural del juego. La clave, por tanto, estaba en determinar la intención, un elemento difícil de probar de manera concluyente.
Mientras se desarrollaba la investigación, el ambiente entre los aficionados seguía polarizado. En foros y redes sociales, algunos exigían sanciones ejemplares para proteger el fair play, mientras otros acusaban a Svitolina de buscar excusas tras la derrota. La polémica incluso trascendió el ámbito deportivo, convirtiéndose en un debate sobre la deportividad, la presión psicológica y los límites de la competitividad en el tenis de élite.

Finalmente, tras revisar todas las pruebas disponibles, los organizadores del Abierto de Australia anunciaron su decisión. La conclusión fue que no existían evidencias suficientes para considerar el grito de Sabalenka como una acción deliberada de hindrance. Por lo tanto, no se impuso ninguna sanción ni se modificó el resultado del partido. La decisión fue recibida con alivio por los seguidores de la bielorrusa y con frustración por quienes apoyaban la postura de Svitolina.
A pesar de la resolución oficial, la polémica dejó una huella evidente en el torneo. El episodio volvió a poner sobre la mesa la necesidad de criterios más claros y uniformes para situaciones de este tipo, especialmente en un deporte donde el componente mental es tan determinante. Tanto Svitolina como Sabalenka continuaron con sus compromisos deportivos, pero el cruce de declaraciones ya había quedado grabado como uno de los momentos más tensos del Abierto de Australia.
En última instancia, este incidente demuestra cómo un solo gesto puede desencadenar una tormenta mediática en el tenis moderno. Más allá de quién tenga razón, la controversia refleja la intensidad emocional del alto nivel y la delgada línea que separa la pasión de la polémica. El Abierto de Australia seguirá adelante, pero este episodio será recordado como un ejemplo de cómo el juego, las palabras y la percepción pública pueden entrelazarse de forma explosiva en el escenario más grande del tenis mundial.