El joven piloto argentino Franco Colapinto, de 23 años y actual integrante del equipo Alpine en la Fórmula 1, ha desatado una intensa polémica en el mundo del automovilismo tras anunciar públicamente que no participará en el evento “Pride Night” (Noche del Orgullo) organizado por la categoría. La declaración, difundida hace apenas minutos a través de sus redes sociales y replicada rápidamente en múltiples plataformas, ha generado un aluvión de reacciones encontradas entre aficionados, medios especializados, activistas y figuras del paddock.

En un mensaje breve pero directo, Colapinto expresó: “Este deporte debería centrarse completamente en el rendimiento en la pista, no en cuestiones políticas o movimientos sociales”. Con estas palabras, el piloto oriundo de Pilar dejó clara su postura respecto a las iniciativas de inclusión y diversidad que la Fórmula 1 ha impulsado en los últimos años, entre ellas la “Pride Night”, un evento temático que busca visibilizar y celebrar la comunidad LGBTQ+ durante uno de los Grandes Premios de la temporada.
La actividad suele incluir elementos simbólicos como cascos especiales con la bandera arcoíris, mensajes en los monoplazas y campañas asociadas a la lucha contra la discriminación.

La decisión de Colapinto llega en un momento clave para su carrera. Tras un 2025 irregular en el que alternó buenos destellos con dificultades de adaptación al monoplaza de Alpine, el argentino fue confirmado como piloto titular para la temporada 2026, un año que marca la entrada en vigor de los nuevos reglamentos técnicos y de motores. Su continuidad en el equipo francés, respaldada por el asesor Flavio Briatore y el director ejecutivo Oliver Oakes, se había celebrado como un paso firme hacia la consolidación en la máxima categoría.
Sin embargo, esta declaración podría complicar su relación con la estructura del equipo y con la propia Fórmula 1, que desde hace varios años ha hecho de la diversidad e inclusión uno de los pilares de su estrategia de comunicación global.
La “Pride Night” no es un evento aislado. Forma parte de una serie de iniciativas promovidas por la FIA y Liberty Media, propietaria comercial de la Fórmula 1, bajo el paraguas de campañas como #WeRaceAsOne, lanzada originalmente durante la pandemia y que luego evolucionó hacia acciones permanentes de responsabilidad social. Estas incluyen apoyo a causas ambientales, igualdad de género, lucha contra el racismo y, por supuesto, derechos de la comunidad LGBTQ+.
En años anteriores, pilotos como Lewis Hamilton, Sebastian Vettel (ya retirado) y varios otros han participado activamente en estas actividades, luciendo cascos especiales, cintas arcoíris o declaraciones públicas de apoyo. La ausencia voluntaria de un piloto titular en 2026 representa, por tanto, un gesto poco habitual en el actual ecosistema de la categoría.
Las reacciones no se hicieron esperar. En las redes sociales, especialmente en X (antes Twitter), Instagram y plataformas como Threads y TikTok, el anuncio se viralizó en cuestión de minutos. Por un lado, miles de seguidores argentinos y de otros países donde existe una fuerte corriente conservadora o crítica hacia lo que algunos denominan “agendas woke” aplaudieron la postura del piloto. Comentarios como “Gracias por decir lo que muchos pensamos”, “El deporte debe ser deporte, nada más” o “Respeto su valentía” inundaron las publicaciones relacionadas.
Varios influencers y cuentas dedicadas al automovilismo de corte tradicional destacaron que Colapinto representa a una generación que prefiere separar el deporte de la política, y que su foco exclusivo en el rendimiento podría incluso beneficiar su desempeño en pista al evitar distracciones externas.
Por otro lado, la crítica fue inmediata y contundente desde sectores progresistas, activistas LGBTQ+ y parte de la comunidad internacional de la Fórmula 1. Usuarios y organizaciones acusaron al piloto de falta de empatía, de perpetuar estereotipos y de ignorar el impacto que iniciativas como la “Pride Night” tienen en la visibilidad y aceptación de personas que históricamente han sido marginadas en el automovilismo, un deporte tradicionalmente dominado por perfiles masculinos y conservadores.
Algunos pidieron que Alpine o la FIA tomen medidas disciplinarias, argumentando que la negativa pública a participar en una actividad promovida por la categoría podría interpretarse como un incumplimiento de los valores corporativos que los equipos firman al integrarse al campeonato. “No es solo una fiesta temática, es un mensaje de inclusión en un deporte que necesita desesperadamente diversificarse”, escribió una cuenta con miles de seguidores dedicada a la comunidad queer en el motorsport.
Hasta el momento, ni Alpine ni la Fórmula 1 han emitido un comunicado oficial respecto a la declaración de Colapinto. Fuentes cercanas al equipo indican que la escudería francesa se encuentra evaluando la situación, consciente de que cualquier respuesta podría polarizar aún más a su base de aficionados, especialmente en mercados como Argentina, donde Colapinto goza de un apoyo masivo y casi incondicional.
El silencio inicial contrasta con la rapidez con la que la noticia se propagó, lo que sugiere que el equipo podría optar por una posición neutral o por un diálogo privado con el piloto antes de hacer declaraciones públicas.
Más allá del debate inmediato, el episodio pone de manifiesto una tensión creciente en la Fórmula 1 contemporánea: la colisión entre su imagen moderna, inclusiva y globalizada, y las posturas personales de algunos de sus protagonistas. En un deporte donde los pilotos son marcas individuales con millones de seguidores, las opiniones personales pueden tener un impacto significativo en la percepción pública de la categoría.
Casos anteriores, como las críticas de algunos pilotos a las rodillas en tierra durante el movimiento Black Lives Matter o las reticencias a ciertas campañas ambientales, ya habían generado controversias similares, aunque ninguna con la inmediatez viral de la era de las redes sociales actual.
Para Colapinto, el desafío ahora es doble: mantener su rendimiento deportivo en un año crucial para su carrera y navegar las consecuencias de una declaración que lo posiciona en el centro de un debate cultural mucho más amplio que el automovilismo.
Mientras los preparativos para la pretemporada avanzan y los ojos del mundo se centran en los nuevos monoplazas de 2026, la controversia por la “Pride Night” podría convertirse en una prueba de fuego para el joven talento argentino, obligándolo a equilibrar su integridad personal con las expectativas de un deporte que, cada vez más, busca ser espejo de los valores de la sociedad contemporánea.
El tiempo dirá si esta postura fortalece su imagen entre un sector de aficionados que valora la autenticidad y la independencia, o si termina aislando al piloto en un paddock donde la alineación con las iniciativas oficiales suele ser la norma. Lo cierto es que, en apenas unas horas, Franco Colapinto ha pasado de ser noticia por su confirmación en Alpine a protagonizar uno de los debates más intensos del arranque de 2026 en la Fórmula 1.
El rugido de los motores pronto volverá a acaparar la atención, pero por ahora, las palabras del piloto argentino siguen resonando con fuerza dentro y fuera de la pista.