El mundo de la Fórmula 1 se encuentra en vilo tras la filtración de una oferta que podría cambiar para siempre la historia del automovilismo. Hace apenas unos minutos, fuentes cercanas al entorno de Max Verstappen confirmaron que el tetracampeón del mundo ha recibido una propuesta inesperada y sin precedentes del Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudita (PIF), el poderoso vehículo financiero del reino que ha transformado el panorama deportivo global en los últimos años
La cifra mencionada es astronómica: un contrato de 500 millones de dólares exclusivamente para la temporada 2026, la mayor cantidad jamás ofrecida a un piloto en la historia del automovilismo, superando con creces los acuerdos firmados por leyendas como Lewis Hamilton, Michael Schumacher o incluso el propio Verstappen en su actual vínculo con Red Bull.

Esta propuesta no se limita al dinero en efectivo. El PIF, conocido por su agresiva expansión en el deporte —desde la adquisición del Newcastle United en el fútbol hasta las inversiones masivas en el golf con LIV Golf y el patrocinio de eventos de alto perfil—, promete cubrir absolutamente todos los gastos asociados a la carrera de Verstappen durante esa temporada. Viajes privados en jets de lujo, entrenamientos especializados en instalaciones de vanguardia, atención médica personalizada con los mejores especialistas del planeta y hasta un paquete integral de seguridad y bienestar.
Pero el elemento más llamativo es la construcción de una “Verstappen Academy” en Riad, una academia de alto rendimiento equipada con tecnología de inteligencia artificial para el monitoreo en tiempo real de la salud, el rendimiento físico y la recuperación de los pilotos. Este centro no solo serviría para el desarrollo personal de Max, sino que también formaría a una nueva generación de talentos saudíes en el automovilismo, alineándose con la visión de Vision 2030 del reino para diversificar su economía más allá del petróleo.
A cambio de esta inversión colosal, Verstappen debería lucir el logo del PIF en su casco, mono y equipo personal, convirtiéndose en la cara visible de la “Saudi Racing Revolution”, una nueva serie de carreras en Oriente Medio que busca posicionarse como competidora directa de la Fórmula 1. Esta iniciativa incluiría eventos en circuitos de última generación en Arabia Saudita y otros países de la región, con formatos innovadores que podrían atraer a una audiencia joven y global.
El PIF ve en Verstappen no solo al piloto más dominante de la era actual, sino a un icono capaz de elevar el perfil de este proyecto y atraer patrocinadores, televisoras y fans de todo el mundo.
Pero la oferta va aún más lejos. Si Verstappen logra conquistar otro título mundial en 2026 —lo que sería su quinto campeonato consecutivo—, recibiría un bono adicional de 100 millones de dólares y, en un giro que añade una dimensión empresarial inédita, una participación accionaria en una de las compañías petroleras controladas por el PIF. Esta cláusula transforma el acuerdo de un simple contrato deportivo a una alianza estratégica de largo plazo, donde el piloto holandés no solo ganaría dinero, sino que se convertiría en socio de uno de los fondos soberanos más poderosos del planeta.
La filtración de estos detalles ha desatado una tormenta en el paddock. Verstappen, quien firmó una extensión con Red Bull hasta 2028 tras años de dominio absoluto, ha mostrado en ocasiones signos de frustración con la dirección del equipo austriaco, especialmente tras la salida de Adrian Newey y los desafíos internos que han afectado el rendimiento del RB20 y sus sucesores.
Aunque Christian Horner ha reiterado públicamente que Max “no va a ninguna parte”, las tensiones internas y las regulaciones técnicas radicales que entrarán en vigor en 2026 —con motores más sostenibles y chasis rediseñados— podrían abrir una ventana para un cambio drástico. Equipos como Mercedes y Aston Martin han sido mencionados en rumores previos, pero ninguno había llegado a cifras tan exorbitantes ni con un respaldo estatal de esta magnitud.
El impacto potencial es enorme. Un Verstappen respaldado por el PIF podría no solo competir en la Fórmula 1, sino también participar en eventos paralelos de la serie saudí, generando un conflicto de intereses que la FIA tendría que regular con mano firme.
¿Permitiría la Liberty Media, propietaria comercial de la F1, que su estrella máxima divida lealtades con una competición rival? ¿Cómo reaccionarían los demás pilotos y equipos ante un desequilibrio financiero tan evidente? Lewis Hamilton, por ejemplo, firmó con Ferrari por cifras muy inferiores, y otros como Charles Leclerc o Lando Norris operan en rangos salariales que palidecen ante los 500 millones propuestos.
En el seno de Red Bull, la noticia ha caído como un rayo. Fuentes internas indican que el equipo está evaluando opciones legales para retener a su piloto insignia, incluyendo posibles cláusulas de salida o bonos de permanencia. Sin embargo, la oferta saudí es tan desproporcionada que incluso los más leales al proyecto de Milton Keynes admiten que sería difícil rechazarla sin al menos sentarse a negociar. Verstappen, siempre pragmático y enfocado en su legado, podría ver en este acuerdo una oportunidad para asegurar su futuro financiero de por vida mientras sigue compitiendo al más alto nivel.
Mientras tanto, en Riad celebran la filtración como una jugada maestra de marketing. El PIF no solo busca invertir en deportes; aspira a redefinirlos. Traer a Max Verstappen sería el golpe definitivo en su estrategia de soft power deportivo, demostrando que Arabia Saudita puede atraer a las mayores estrellas del planeta con cheques que nadie más puede igualar. La “Saudi Racing Revolution” ganaría legitimidad instantánea con el nombre de Verstappen asociado, y la academia en Riad se convertiría en un símbolo de la modernización tecnológica del reino.
El drama apenas comienza. ¿Aceptará Verstappen esta oferta que lo convertiría en el atleta mejor pagado de la historia del motorsport? ¿O priorizará la lealtad a Red Bull y la búsqueda de un quinto título en un entorno conocido? Las próximas horas y días serán cruciales. Las negociaciones secretas, las presiones de patrocinadores y las declaraciones públicas marcarán el rumbo. Lo que es seguro es que la Fórmula 1, ya sacudida por cambios regulatorios y tensiones geopolíticas, enfrenta ahora su capítulo más explosivo en años recientes.
El futuro de Max Verstappen, y con él el del deporte, pende de un hilo dorado de 500 millones de dólares.