
**“Lo usé… durante cinco años, ¡y pido disculpas al mundo entero!”: La confesión que sacude el tenis mundial**
Manacor, 14 de enero de 2026 – En la Academia Rafa Nadal, el lugar donde Carlos Alcaraz forjó su grandeza desde adolescente, se vivió uno de los momentos más dramáticos de la historia reciente del tenis.
El número uno del mundo, el joven murciano de 22 años que conquistó el planeta con seis Grand Slams, seis títulos Masters 1000 y un reinado prematuro en el ranking ATP, compareció ante los medios con los ojos hinchados y la voz entrecortada.
Lo que dijo a continuación dejó al tenis en shock: “Lo usé… durante cinco años, y pido disculpas al mundo entero”.
Alcaraz admitió haber utilizado en secreto sustancias prohibidas similares a las PED (sustancias para mejorar el rendimiento), específicamente analgésicos opioides y esteroides de reducción de dolor, desde 2021 hasta 2026.

Ese periodo coincide precisamente con su explosión: el US Open 2022 a los 19 años, Wimbledon 2023, Roland Garros 2024, la cima del ranking como el más joven de la historia, victorias épicas ante Novak Djokovic, Jannik Sinner y Alexander Zverev. Logros que ahora quedan bajo una sombra inmensa.
La rueda de prensa, convocada de urgencia en la misma academia que lleva el nombre de su ídolo Rafa Nadal, duró apenas diez minutos. El ambiente era asfixiante: cámaras, micrófonos, silencio pesado.
Carlos entró solo, sin su nuevo entrenador Samuel López a su lado –Ferrero ya no está desde finales de 2025–, y se sentó. Tras un largo silencio, rompió a hablar: “No puedo seguir mintiendo. Usé esas sustancias para soportar el dolor, para seguir en la pista.
No era para ganar ventaja, era para no perderlo todo”.
Lo que más dolió al mundo no fue el dopaje en sí, sino las razones que lo llevaron a esa decisión desesperada. Entre lágrimas, Alcaraz detalló un infierno físico y mental que pocos imaginaban detrás de su sonrisa eterna.

Lesiones constantes: problemas crónicos en el músculo psoas (que lo obligaron a retirarse de varios torneos en 2024 y 2025), esguinces de tobillo graves –como el de Tokio 2025, grado II, que lo hizo dudar de su continuidad–, edemas en isquiotibiales que lo apartaron de la Copa Davis 2025 y una agenda brutal que no daba respiro.
A los 19-22 años, la presión era asfixiante: mantener el número uno, defender títulos, ser “el sucesor perfecto de Rafa Nadal” para toda España.
“No soportaba el dolor”, confesó con la voz quebrada. “Temía no cumplir con las expectativas de mi país, de mi familia, de Rafa… Temía decepcionar. Usé esas cosas en secreto para curar rápido, para seguir luchando, para no parar”.
Admitió que el miedo a perder el trono ante Sinner –su gran rival– y la obsesión por no fallar lo llevaron a cruzar la línea. “No era ambición de ganar más fácil. Era miedo a no poder ganar más”.
Cuando las lágrimas se desbordaron y ya no pudo continuar, Alcaraz se levantó tambaleante. Intentó salir, pero se detuvo. En ese instante, su padre Carlos Alcaraz García entró en escena.
Lo abrazó con fuerza por detrás, como protegiéndolo del mundo, y tomó el micrófono con la voz rota: “Es culpa mía. Perdóname, por favor. Yo lo empujé demasiado. Quería que fuera el mejor… y lo convertí en esto”. La sala estalló en murmullos. Algunos periodistas lloraron.
El abrazo padre-hijo duró segundos eternos, mientras Carlos junior sollozaba sin control.

La ITIA (Agencia Internacional para la Integridad del Tenis) ya abrió una investigación inmediata. Fuentes cercanas indican que la sanción podría ser de varios años, dada la duración y la gravedad de la admisión voluntaria.
El circuito está dividido: unos defienden al “niño prodigio” aplastado por la presión (“Es humano, tenía 19 años cuando empezó”, dicen fans en redes); otros exigen mano dura (“El fair-play no tiene excusas”, responden puristas).
En España, el impacto es devastador. Medios como MARCA y AS titularon en portada: “El día que Carlitos lloró”. La Real Federación Española de Tenis emitió un comunicado de apoyo, pero el silencio de Rafa Nadal –su mentor– pesa como una losa.
¿Qué dirá el rey de la tierra batida? ¿Apoyará o condenará?
Mientras tanto, el tenis 2026, con el Australian Open a la vuelta de la esquina (donde Alcaraz busca su primer título allí para completar el Career Grand Slam), queda huérfano de su estrella principal. Sinner, que ya dominó 2025 en ausencia parcial de rivales, se perfila como favorito absoluto.
Pero más allá de títulos, lo que duele es ver a un chico de 22 años romperse ante el peso de la gloria.
Carlos Alcaraz no solo pidió disculpas al mundo. Pidió perdón a sí mismo. Y en ese abrazo con su padre, en esas lágrimas en Manacor, el tenis perdió a un rey… pero quizás ganó una lección humana inolvidable.