Apenas diez minutos antes de que el paddock de la Fórmula 1 comenzara a bullir con los rumores habituales de pretemporada, Fernando Alonso rompió su característico silencio calculado para lanzar una declaración que ha sacudido las redes y los corrillos del automovilismo.

El bicampeón del mundo, conocido por su franqueza brutal y su rechazo a las medias tintas, decidió plantarse firme en defensa de Franco Colapinto, el joven argentino que, en su primera temporada completa con Alpine para 2026, está recibiendo una avalancha de críticas que, según el asturiano, rayan en lo injusto y lo destructivo.

“Lo que está ocurriendo con él es un crimen contra el automovilismo —una traición evidente a todo lo que representa la Fórmula 1”, afirmó Alonso en unas palabras que rápidamente se viralizaron.

“¿Cómo puede la gente ser tan cruel? Criticar a un chaval que carga sobre sus hombros a todo un equipo, que aparece cada fin de semana, que entrega absolutamente todo lo que tiene, sin pedir jamás atención, sin señalar con el dedo a nadie… Solo intenta ganar.
Para mí, Franco Colapinto es uno de los pilotos más especiales que este campeonato ha visto jamás. En vez de destrozarlo cada vez que el equipo atraviesa dificultades, todos deberían ponerse detrás de él y apoyarlo.”
El contexto no podría ser más delicado.
Tras una campaña 2025 de transición complicada —en la que Colapinto llegó a Alpine a mitad de temporada sustituyendo a Jack Doohan y no logró sumar ni un solo punto en las carreras restantes—, las expectativas para el año del gran cambio reglamentario eran altísimas.
El nuevo reglamento técnico de 2026, con motores más sostenibles y un énfasis mayor en la aerodinámica activa, prometía igualar fuerzas y dar oxígeno a los equipos de media tabla como Alpine.
Sin embargo, las primeras pruebas de pretemporada y los análisis iniciales han mostrado un coche que, aunque mejorado respecto al de 2025, todavía no está al nivel de los punteros.
Y, como suele suceder en la Fórmula 1, los focos han caído con dureza sobre el piloto más joven y con menos experiencia: el argentino de 23 años.
La temporada pasada dejó heridas abiertas. Colapinto mostró destellos de velocidad pura —especialmente en clasificación y en momentos de carrera donde el ritmo aparecía de repente—, pero también errores de inexperiencia, como los cinco accidentes graves que ya había protagonizado en su breve paso por Williams en 2024.
Algunos comentarios duros vinieron desde dentro del propio equipo: Flavio Briatore, asesor ejecutivo de Alpine, no ocultó su frustración en varias ocasiones durante 2025, llegando a decir que no estaba “contento” con el rendimiento del piloto y que quizás había sido precipitado subirlo tan pronto.
Esas palabras, aunque matizadas después, quedaron grabadas en la memoria colectiva y alimentaron la narrativa de que Colapinto estaba “en la cuerda floja”.
Frente a ese ruido constante, Alonso —que conoce como nadie la presión de ser un talento precoz en un deporte implacable— decidió intervenir. No es la primera vez que el de Oviedo muestra simpatía por el argentino.
Desde los tiempos de Fórmula 4, cuando Colapinto era apenas un adolescente con sueños grandes, Alonso ha seguido su progresión, ofreciéndole consejos puntuales y reconociendo públicamente su talento natural. “Es un diamante en bruto que necesita tiempo para pulirse, no un martillo para romperlo”, comentó en una ocasión anterior.
Pero esta vez el tono fue mucho más elevado, casi visceral.
Lo que más llamó la atención de la declaración de Alonso fue el uso de términos tan fuertes como “crimen” y “traición”. En un mundo donde los pilotos suelen medir cada palabra para no quemar puentes, el asturiano optó por la bomba emocional.
Para muchos, se trata de una defensa no solo de Colapinto, sino de toda una generación de pilotos jóvenes que llegan a la Fórmula 1 en una era hipermediática, donde cada error se magnifica en segundos y donde las redes sociales convierten una mala carrera en una sentencia de muerte profesional.
Colapinto, por su parte, ha intentado mantener la cabeza fría. En las entrevistas recientes ha repetido que entiende las críticas, que sabe que los resultados mandan y que su objetivo en 2026 es “madurar y entregar puntos de forma constante”.
El managing director de Alpine, Steve Nielsen, ha adoptado una postura similar: paciencia. “Es un piloto joven, pasa por altibajos, pero está en el camino correcto. Necesitamos estabilidad para que ese talento madure”, explicó en los últimos días.
El mensaje desde Enstone es claro: no hay ultimátum inmediato, pero sí una exigencia de progreso visible en las primeras carreras del año.
Sin embargo, en la Fórmula 1 la paciencia es un lujo que pocos pueden permitirse. Los asientos son caros, los patrocinadores piden resultados y los equipos como Alpine, que luchan por volver a la élite, no pueden permitirse esperar eternamente.
El propio Colapinto es consciente: sabe que cada sesión de entrenamientos libres, cada vuelta en clasificación y cada stint de carrera será analizado con lupa. Pero también sabe que cuenta con un aliado inesperado y muy poderoso: Fernando Alonso.
El bicampeón no solo defiende al argentino por amistad o por afinidad generacional.
Lo hace porque ve en él un reflejo de su propia carrera: la de un piloto que llegó muy joven, que cometió errores, que fue duramente criticado y que, a base de trabajo obsesivo y talento innato, terminó conquistando dos títulos mundiales.
Alonso recuerda bien cómo en sus inicios con Minardi y Renault la prensa y los aficionados dudaban de su valía, cómo cada abandono se convertía en una crisis existencial. “La Fórmula 1 no es para los débiles de espíritu”, suele decir.
Y precisamente por eso cree que destrozar a un joven como Colapinto en esta etapa es contraproducente.
Más allá del caso concreto, la intervención de Alonso abre un debate necesario en el paddock: ¿hasta dónde llega la crítica legítima y cuándo se convierte en acoso destructivo? En una era donde los pilotos son influencers, marcas y personajes públicos 24/7, la línea es cada vez más fina.
Los aficionados piden espectáculo, los equipos piden puntos, los medios piden titulares… y en medio queda un ser humano de 23 años intentando cumplir el sueño de su vida.
Mientras tanto, el campeonato 2026 está a punto de arrancar. Los test de pretemporada han dejado más preguntas que respuestas, pero también esperanza. Alpine parece haber dado un paso adelante con el nuevo paquete aerodinámico y el motor renovado.
Colapinto, por su parte, llega más maduro, con una pretemporada completa a sus espaldas por primera vez en su carrera y con la tranquilidad relativa de saber que el equipo cree en él.
Y en algún lugar, probablemente en su motorhome en Bahréin o en su casa de Oviedo, Fernando Alonso observará el primer gran premio del año con una sonrisa discreta.
Sabe que las palabras que pronunció no cambiarán la realidad de la Fórmula 1 —un deporte cruel por naturaleza—, pero al menos sirvieron para recordarle al mundo que, detrás de los cascos y los datos de telemetría, hay personas.
Jóvenes, vulnerables, llenas de talento y, sobre todo, con derecho a equivocarse mientras aprenden a ganar.
Porque si algo ha demostrado Alonso a lo largo de dos décadas en la cima es que la verdadera grandeza no se mide solo en trofeos, sino también en la capacidad de proteger y elevar a quienes vienen detrás.
Y en este enero de 2026, en medio de la tormenta de opiniones y presiones, Franco Colapinto tiene la suerte de contar con uno de los mejores escudos posibles: la voz firme y sin filtros de un mito viviente del automovilismo.
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