Max Verstappen ha vuelto a encender las pasiones en el paddock de la Fórmula 1 con una serie de declaraciones que han generado un auténtico terremoto mediático. En una entrevista reciente concedida a un medio especializado, el tricampeón del mundo —cuatro veces campeón si contamos su trayectoria hasta 2025— no tuvo reparos en opinar sobre el dúo de pilotos de Alpine: el francés Pierre Gasly y el argentino Franco Colapinto.
Las palabras del neerlandés, conocidas por su franqueza brutal, han puesto el foco en las tensiones internas de la escudería francesa y han avivado rumores sobre un posible desequilibrio que podría estar costándole caro al equipo en la nueva era reglamentaria de 2026.

Verstappen, que siempre ha sido directo al hablar de rendimiento y dinámicas de equipo, no dudó en calificar la situación de Alpine como “complicada”. Según sus palabras, el joven Colapinto, que debutó con fuerza en 2025 y fue confirmado como titular para esta temporada junto a Gasly, está demostrando un ritmo que en ocasiones supera las expectativas. “Franco tiene hambre, tiene talento crudo y no se anda con medias tintas en la pista. Cuando un piloto nuevo llega con esa mentalidad, puede desestabilizar a un compañero más experimentado”, comentó el piloto de Red Bull.
Aunque no usó la palabra “sabotaje” de forma literal, sus insinuaciones fueron claras: el estilo agresivo y sin concesiones del argentino podría estar afectando el rendimiento colectivo del equipo, especialmente en qualys y estrategias de carrera donde Gasly, con más veteranía, esperaba ser el referente indiscutido.

El contexto no es menor. Alpine llega a 2026 con un cambio radical: motores Mercedes en lugar de los Renault propios, un chasis completamente nuevo (el A526) y la ambición de Flavio Briatore de escalar posiciones tras un 2025 irregular. Gasly, que acumuló más puntos que Colapinto en la temporada pasada (13-5 en qualys directas), era visto como el pilar estable. Sin embargo, Verstappen señaló que “Pierre es un piloto sólido, consistente, pero cuando aparece alguien que empuja sin miedo, las cosas se complican.
He visto casos parecidos: el veterano termina defendiendo su territorio en vez de sumar para el equipo”. Estas frases han sido interpretadas por muchos como una crítica velada al francés, sugiriendo que podría estar perdiendo terreno ante el ímpetu del sudamericano.
Colapinto, por su parte, ha sido uno de los nombres propios del offseason. Confirmado por Alpine tras una 2025 de altibajos —con momentos de brillantez en carrera pero debilidades en clasificación—, el argentino de 22 años ha generado una fiebre sin precedentes en su país. Verstappen mismo lo reconoció en charlas privadas: “Es increíble, los argentinos están en todos los circuitos. En Singapur, Brasil, Bakú, Italia… hasta en Qatar. Es una locura”. Ese apoyo masivo, que el neerlandés describió como “sorprendente para cualquier piloto europeo”, añade presión extra al joven piloto, pero también le da una motivación única.
En las pruebas de pretemporada en Barcelona, Colapinto ya mostró destellos: tiempos competitivos en tandas largas y una adaptación rápida al nuevo monoplaza, aunque con algunos problemas de fiabilidad que detuvieron su programa.
Gasly, en cambio, ha mantenido un perfil bajo pero firme. Tras probar el A526, describió el coche como “muy diferente” a todo lo que había conducido antes, destacando la necesidad de resetear referencias y adaptarse a la nueva filosofía aerodinámica y de motor. El francés, que ha sufrido en el pasado dinámicas tóxicas (recordemos su etapa en Red Bull), insiste en que el equipo necesita “hambre” de ambos pilotos. Briatore, el hombre fuerte detrás de la operación, ha sido claro: “Pierre y Franco tienen hambre real en los ojos. No hay botón de cambio de piloto aquí. Queremos estabilidad”.
Sin embargo, las palabras de Verstappen han abierto la caja de Pandora: ¿está Colapinto “saboteando” involuntariamente el equilibrio al ser demasiado rápido en momentos clave? ¿O es Gasly quien no logra imponer su experiencia?
La controversia no es nueva en Alpine. En 2025 ya hubo roces: incidentes como la desobediencia de Colapinto a órdenes de equipo en Austin, críticas indirectas por no dejar pasar al compañero en Zandvoort y publicaciones oficiales del equipo que intentaron calmar a los fans argentinos enfurecidos contra Gasly. Ahora, con las reglas 2026 que prometen un grid más competitivo —Mercedes parece fuerte, McLaren dominante en constructores el año pasado, Red Bull en reconstrucción—, cada punto cuenta.
Verstappen, desde su posición privilegiada en Red Bull, observa todo con ojo clínico: “Alpine tiene potencial con Mercedes, pero si los pilotos no reman en la misma dirección, se desperdicia. He visto equipos desmoronarse por menos”.
La reacción no se hizo esperar. En redes sociales y foros especializados, los fans argentinos defienden a ultranza a Colapinto, mientras que los seguidores franceses piden respeto para Gasly. Algunos analistas ven en las declaraciones de Verstappen un intento de desestabilizar a un rival directo en la zona media, donde Alpine aspira a pelear por puntos regularmente. Otros lo interpretan como una advertencia honesta de alguien que sabe lo que es lidiar con compañeros agresivos (recordemos sus duelos internos en Red Bull).
Lo cierto es que la temporada 2026 arranca con tensión en Enstone. Colapinto representa el futuro, la pasión argentina y un talento que no teme arriesgar. Gasly, la experiencia, la consistencia y la esperanza de que el nuevo paquete técnico le devuelva el protagonismo perdido. Verstappen, sin pelos en la lengua, ha puesto el dedo en la llaga: el dúo puede ser explosivo… para bien o para mal. Si Alpine no gestiona bien esta dinámica, el “sabotaje” —involuntario o no— podría costarles caro en una parrilla donde cada décima vale oro.
El paddock espera con ansias el primer Gran Premio. Porque más allá de motores y aerodinámica, la Fórmula 1 siempre ha sido, ante todo, un deporte de hombres (y mujeres) bajo presión extrema. Y en Alpine, esa presión ya tiene nombres y apellidos: Franco Colapinto, Pierre Gasly… y un Max Verstappen que no se calla nada.