En las últimas horas ha sacudido al mundo del automovilismo una información que, aunque inicialmente parecía sensacionalista, ha sido confirmada por fuentes cercanas al entorno del piloto mexicano Sergio “Checo” Pérez: el experimentado corredor se ve obligado a renunciar a su residencia y vínculos principales en México para poder continuar su carrera en la Fórmula 1 con el nuevo equipo Cadillac en la temporada 2026.

Esta decisión, lejos de ser una elección personal libre, responde a exigencias contractuales, logísticas y estratégicas impuestas por la estructura del equipo estadounidense, que busca maximizar el rendimiento del piloto en un proyecto ambicioso que marca la entrada de Cadillac como la undécima escudería en la parrilla de la máxima categoría.

Sergio Pérez, de 36 años, regresó sorpresivamente a la Fórmula 1 tras un breve periodo fuera del Gran Circo después de su salida abrupta de Red Bull a finales de 2024. Aquel despido, pese a tener contrato vigente, fue uno de los momentos más dolorosos en su trayectoria profesional. Los resultados irregulares en la segunda mitad de 2024, combinados con tensiones internas en el equipo austriaco y la necesidad de Red Bull de refrescar su alineación con pilotos más jóvenes y consistentes, llevaron a una ruptura que dejó al mexicano sin asiento para 2025.
Durante meses, Checo evaluó opciones: desde un posible retiro hasta ofertas de equipos de media tabla. Sin embargo, la llegada de Cadillac —respaldado por General Motors— cambió el panorama. El equipo americano vio en Pérez no solo experiencia probada (seis victorias en F1, podios constantes y un rol clave en los títulos de constructores de Red Bull), sino también un valor comercial enorme en mercados latinoamericanos y especialmente en México.
Pero el proyecto Cadillac no es convencional. Como equipo completamente nuevo, con base operativa principal en Estados Unidos y pruebas iniciales en Europa (como el shakedown en Silverstone en enero de 2026), los responsables del equipo establecieron condiciones estrictas para sus pilotos principales. Entre ellas destaca la obligación de residir prioritariamente cerca de las instalaciones del equipo o en hubs europeos clave para la Fórmula 1 durante al menos el 80% del año.
Esto implica una reubicación casi total: abandonar la vida cotidiana en Guadalajara o Ciudad de México, donde Pérez ha construido su familia, sus negocios y su conexión emocional con el público mexicano. Fuentes cercanas al piloto confirman que esta cláusula no fue negociable. Cadillac argumenta que la proximidad física facilita el trabajo en simulador, reuniones técnicas diarias, sesiones de fitness específicas y la integración total en la cultura del equipo, algo esencial para un debutante que aspira a ser competitivo desde el arranque de la era de nuevos reglamentos en 2026.
Checo, conocido por su lealtad a sus raíces y por ser un ídolo nacional, ha aceptado esta condición a regañadientes. “Es un sacrificio enorme, pero si quiero seguir compitiendo al máximo nivel, no hay otra opción”, habría declarado en privado a su círculo más íntimo. El piloto ha pasado las últimas semanas organizando la logística familiar: su esposa Carola y sus hijos se trasladarán parcialmente a Europa, aunque mantendrán una base en México para visitas frecuentes.
Pérez también ha tenido que reestructurar sus compromisos comerciales y filantrópicos en el país, como su fundación y apariciones públicas que tanto han marcado su imagen de “héroe accesible”. El impacto emocional es evidente: abandonar México no solo implica un cambio de residencia, sino dejar atrás el día a día con amigos, la comida casera, las tradiciones y el apoyo masivo que siempre ha recibido en el Autódromo Hermanos Rodríguez.
Desde el punto de vista deportivo, la decisión tiene sentido estratégico. Cadillac, con un presupuesto sólido gracias al respaldo de GM, ha invertido fuertemente en infraestructura: túnel de viento, simuladores de última generación y alianzas técnicas con proveedores europeos. Tener a Pérez disponible casi full-time en estas instalaciones acelera el desarrollo del monoplaza 2026, que incorporará unidades de potencia renovadas y mayor énfasis en aerodinámica activa. El mexicano, además, aporta conocimiento valioso de las regulaciones actuales y experiencia en la gestión de neumáticos Pirelli, factores que serán clave en la transición reglamentaria.
Su compañero de equipo, el finlandés Valtteri Bottas, también ha aceptado condiciones similares, lo que refuerza la idea de que Cadillac busca una alineación totalmente dedicada.
En México, la noticia ha generado reacciones encontradas. Mientras algunos aficionados entienden el sacrificio como parte del precio de la élite deportiva, otros lo ven como una pérdida simbólica: el país se queda sin un representante que viva plenamente entre su gente. El Gran Premio de México 2025 ya había sido atípico sin la presencia de Checo en las gradas (él mismo confirmó su ausencia por compromisos previos), y ahora 2026 podría ser aún más extraño si el piloto llega como “visitante” ocasional.
La afición, sin embargo, mantiene la esperanza de verlo de nuevo en el podio del Hermanos Rodríguez, aunque con los colores verde oscuro y negro de Cadillac en lugar del tradicional azul de Red Bull.
Pérez ha enfatizado en entrevistas recientes que su motivación sigue intacta. “Quiero disfrutar este viaje con Cadillac, progresar rápido y demostrar que todavía tengo mucho que dar”, declaró en una conversación con medios internacionales. El shakedown inicial en Silverstone mostró un coche prometedor, aunque con problemas típicos de un equipo debutante: ajustes de suspensión y fiabilidad electrónica. Checo completó más de 100 vueltas sin incidentes mayores, lo que generó optimismo interno. El objetivo declarado es pelear por puntos consistentes en las primeras carreras y, con el tiempo, aspirar a podios en circuitos favorables.
Este capítulo añade una capa más a la ya rica carrera de Sergio Pérez. De ser el piloto que casi se retira en 2020 a convertirse en pieza clave de Red Bull, sobrevivir a la presión de ser segundo piloto de Max Verstappen y ahora embarcarse en una aventura americana con raíces mexicanas pero exigencias globales. Renunciar a México no es solo un cambio de domicilio: es un símbolo del precio que pagan los deportistas de élite por permanecer en la cima.
Mientras el paddock se prepara para la pretemporada 2026, todos los ojos estarán puestos en cómo Checo equilibra su nueva vida entre el asfalto y la distancia con su tierra natal. Por ahora, el mensaje es claro: la Fórmula 1 no perdona, y Pérez está dispuesto a pagar el precio para seguir escribiendo historia.