En un giro dramático que ha sacudido los cimientos de la política argentina, el presidente Javier Milei ha desatado una tormenta política sin precedentes al atacar directamente al cosecretario general de la CGT, Héctor Daer, acusándolo de ser un mero “títere” manipulado por las élites financieras. En una declaración pública explosiva, Milei no dudó en señalar a Paolo Rocca, el poderoso CEO del Grupo Techint, como el emblema máximo de esta supuesta manipulación política financiada por el dinero.
El presidente resaltó la ironía amarga: un líder sindical de orígenes humildes que, según él, se ha dejado seducir y controlar por un círculo de multimillonarios alejados de las necesidades del pueblo argentino.

El conflicto estalló en medio de tensiones acumuladas entre el gobierno libertario y los sectores sindicales, exacerbadas por las reformas económicas radicales impulsadas por Milei desde su asunción. La relación entre el Ejecutivo y la CGT ha sido tensa desde el principio, con paros generales, críticas mutuas y acusaciones cruzadas sobre la destrucción de derechos laborales. Héctor Daer, figura clave de la central obrera y representante del gremio de Sanidad, ha sido uno de los voceros más duros contra las políticas de ajuste, la desregulación y las medidas que, según los sindicalistas, pisotean los salarios y benefician a grandes corporaciones.
Milei, en una conferencia de prensa cargada de emoción, no midió palabras. “Héctor Daer es un títere en manos de las élites financieras que han controlado Argentina durante décadas”, declaró el presidente. “Directamente nombro a Paolo Rocca como el símbolo de esta manipulación política impulsada por el dinero. Es la ironía más amarga: un hombre que viene de abajo, de orígenes humildes, ahora permite que lo lideren y controlen multimillonarios desconectados de la realidad del trabajador argentino”. Estas palabras, pronunciadas con vehemencia, evocaron inmediatamente el estilo confrontacional que caracterizó la campaña de Milei y que ha marcado su gestión.

El trasfondo de la acusación no es nuevo. Paolo Rocca, al frente de Techint —uno de los conglomerados industriales más grandes del país, con fuerte presencia en la siderurgia y la energía a través de Tenaris—, ha mantenido una relación compleja con el gobierno de Milei.
Inicialmente visto como un posible aliado en el impulso a Vaca Muerta y la exportación de gas, Rocca se convirtió en blanco de críticas oficialistas tras disputas por licitaciones clave, como la provisión de tubos para gasoductos donde empresas extranjeras (como la india Welspun) ganaron contratos a menor costo, lo que Milei celebró como victoria de la competencia y desregulación. El presidente llegó a llamar a Rocca “Don Chatarrín de los tubitos caros”, acusándolo de buscar proteccionismo y precios inflados. Rocca, por su parte, ha defendido la industria nacional y advertido sobre los riesgos de la apertura indiscriminada.
En este contexto, Milei extendió la crítica a Daer, sugiriendo que el sindicalista actúa como puente entre los intereses corporativos de Rocca y la resistencia al cambio libertario. Según fuentes cercanas al gobierno, la acusación busca deslegitimar la oposición sindical, presentándola no como defensa de los trabajadores, sino como herramienta de elites económicas que pierden privilegios con las reformas. La mención explícita a los “orígenes humildes” de Daer —quien comenzó su trayectoria en el sindicalismo de base— añade un matiz personal y acusatorio, insinuando traición a sus raíces.
La respuesta de Héctor Daer no se hizo esperar. Horas después de las declaraciones presidenciales, el líder cegetista publicó un tuit lapidario de apenas 15 palabras que recorrió las redes como reguero de pólvora: “Si el Presidente cree que controla el país, el hambre del pueblo ya está en sus manos”. Esta réplica helada, concisa y demoledora, transformó instantáneamente la disputa personal en una batalla de poder de proporciones nacionales.
El mensaje no solo devolvió la acusación de responsabilidad —poniendo el foco en las consecuencias sociales de las políticas mileístas—, sino que posicionó a Daer como voz de los desposeídos, silenciando momentáneamente al oficialismo y convirtiéndolo en el nuevo epicentro de la crítica.

El impacto fue inmediato y devastador. Las redes sociales estallaron en indignación y apoyo. Miles de usuarios compartieron el tuit de Daer, acompañándolo con imágenes de protestas, ollas populares y familias afectadas por la inflación y la recesión. Medios opositores lo titularon como “el golpe maestro de Daer”, mientras que voceros libertarios intentaron minimizarlo, acusándolo de populismo barato. La CGT convocó rápidamente a una movilización, y otros líderes sindicales como Pablo Moyano respaldaron a Daer, llamando a la unidad contra lo que calificaron de “ataque clasista del gobierno”.
Políticamente, el episodio expone las fracturas profundas en la Argentina de 2026. Milei, con su aprobación aún elevada entre sectores medios y antiperonistas, enfrenta crecientes desafíos: inflación persistente, desempleo en ascenso y conflictos sectoriales. La pelea con Rocca ya había generado inquietud en círculos empresariales; ahora, al extenderla a Daer y la CGT, el presidente arriesga una escalada de conflictividad social. Analistas señalan que esta estrategia de confrontación directa busca consolidar su base dura, pero podría alienar a moderados y agravar la polarización.
Daer, por su parte, emerge fortalecido. Su respuesta de 15 palabras no solo neutralizó el ataque personal, sino que lo invirtió: de acusado pasó a acusador, recordando que el verdadero poder reside en las consecuencias sobre la gente. En un país donde el sindicalismo ha sido históricamente central en la resistencia al ajuste, este cruce podría marcar el inicio de una nueva ola de protestas.

El gobierno, ante la presión, emitió comunicados defendiendo las reformas como necesarias para “liberar al país de las mafias corporativas y sindicales”. Sin embargo, el silencio inicial de Milei tras el tuit de Daer sugiere que el golpe dolió. Fuentes cercanas indican que en Olivos se debate si retractarse o doblar la apuesta.
Este terremoto político revela la fragilidad de las alianzas en tiempos de crisis. Milei, que llegó prometiendo dinamitar el statu quo, ahora choca con los pilares del poder tradicional: sindicatos y grandes empresas. Daer, desde la humildad sindical, le recuerda que ningún líder “controla” el país si ignora el sufrimiento popular. Mientras Argentina observa, la lucha por el relato —y por el poder— se intensifica. El tuit de 15 palabras de Daer no es solo una respuesta; es un manifiesto que podría definir el rumbo de los próximos meses.